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Soraya Sáenz de Santamaría, en el homenaje del pasado septiembre al ex presidente del Senado Juan José Laborda

Soraya Sáenz de Santamaría, en el homenaje del pasado septiembre al ex presidente del Senado Juan José Laborda

Es tiempo de mediocridad en política. La remodelación que anunciaba Sánchez para potenciar un Gobierno muy debilitado ha provocado estupefacción: la mayoría de los ministros recién llegados no cuentan con un currículum mínimamente aceptable para ocupar cargos de responsabilidad, pero no son la excepción que confirma la regla: España está falta de dirigentes que den la talla. En todos los aspectos, tanto políticos como personales. En muchos de ellos incluso destaca la falta de moralidad, se acomodan a las circunstancias según convenga. Aprovecharán los años de poder para labrarse un futuro seguro.

Hay cargos que garantizan ese futuro. Los presidentes de Gobierno pueden contar con puesto vitalicio en el Consejo de Estado, pero no todos lo aceptan, entre otras razones porque disponen de por vida de un sueldo acorde a las altas funciones que ha ejercido, más un despacho, secretaria, coche oficial y seguridad. Transporte gratuito en los medios públicos y gastos de representación.

Los presidentes de los gobiernos regionales reciben en la mayoría de los casos –dependen de los estatutos autonómicos– un salario también vitalicio al finalizar su trabajo, con personal a su disposición. Y los ex ministros y secretarios de Estado, recibirán durante los dos años posteriores a su cese un salario que corresponde al 80% del que tenían en activo; pero están obligados a no aceptar ningún puesto que tenga relación con sus antiguas responsabilidades de gobierno. Ese salario se considera una indemnización al estar limitada su incorporación al mercado laboral.

Ha sido frecuente que ex presidentes y secretarios de Estado renuncien a sueldos e indemnizaciones. Con un caso excepcional, Jordi Pujol: cuando se conoció el escándalo de que desde hacía años tenía una cuenta millonaria en Suiza, no declarada, que según el ex presidente era una herencia de su padre, perdió todos los privilegios de su cargo como ex presidente de la Generalitat y también a todos sus honores. En esta España política de incertidumbres, en la que han desaparecido figuras emblemáticas por no alcanzar los votos necesarios para su continuidad, o que han preferido aceptar propuestas de tipo privada ante el desencanto por el deterioro de la política, la mayoría de altos cargos que demostraron con creces su preparación y su vocación política, más allá de la ideología, no han tenido dificultad para reintegrarse en una vida profesional ajena a los despachos de poder.

Aquellos que contaban con experiencia previa, empresas y sobre todo trayectoria reconocida, no tardaron mucho tiempo en encontrar un hueco en el sector profesional. Muchos de ellos montaron bufetes, o reabrieron los que habían tenido, como ocurrió entre otros con el ex presidente del Congreso Félix Pons, o los ex ministros Michavila, Acebes, Txiki Benegas durante un tiempo, Alberto Ruíz Gallardón, o María Dolores de Cospedal, que abrió bufete propio después de haber trabajado en un bufete importante en Madrid.

Un hombre de leyes como Gregorio Peces Barba, de importante despacho antes de dejarlo por la política, ser ponente de la Constitución y presidente del Congreso, aceptó de inmediato la propuesta de poner en marcha una nueva universidad pública madrileña, la Carlos III. Como rector la colocó entre las más prestigiosas de España.

Albert Rivera entró a formar parte, como socio, de un importante bufete de Madrid junto a su mano derecha José Manuel Villegas, pero la experiencia no fue buena, rompieron con el bufete con acusaciones cruzadas de falta de profesionalidad y finalmente los ex dirigentes de Ciudadanos fundaron un bufete propio.

Los que triunfaron

Han tenido siempre importantes salidas profesionales los políticos que hicieron carrera europea, y con la desaparición de Ciudadanos muchos ojos –no solo de partidos– están pendientes de las decisiones que tomen personas de larga trayectoria en Bruselas, importantes contactos y conocimiento del funcionamiento de la UE.

En ese terreno el que vio más claras las posibilidades que se le abrían fue José Blanco, al que Pedro Sánchez no confirmó en la nueva lista europea cuando finalizó su primera legislatura como eurodiputado. Con socios y colaboradores del PSOE y también del PP, Blanco, con Alfonso Alonso y Antonio Hernando –hoy en Moncloa– montaron una empresa de asesoramiento para empresas españolas con interés en tener presencia en la UE, y empresas europeas interesadas en entrar en España. Se ha convertido en uno de los despachos más influyentes de España.

Soraya Sáenz de Santamaría, abogado del Estado, es socia de Cuatrecasas, importante bufete catalán que ha sido de los primeros que buscó la expansión hacia Madrid y el resto de España. Fátima Báñez, una de las figuras más destacadas del gobierno de Rajoy, es hoy la presidenta de la Fundación CEOE e interviene en algunas de las decisiones más importante de la organización empresarial.

Pablo Casado recibió una oferta de Feijóo para ocupar un puesto de prestigio en el PP, que rechazó, como también rechazó algunas ofertas empresariales que le obligaban a vivir fuera de España, hasta que finalmente decidió aceptar una propuesta empresarial internacional, que en los últimos días ha ampliado con la creación de un fondo de inversión propio, junto a otros dos socios. Su mano derecha en el PP, Teodoro García Egea, ingeniero de telecomunicaciones y apasionadoa por las nuevas tecnologías, además de dar clases en la universidad, mantiene una vida muy activa en ese mundo, así como en el de la criptoeconomía, sobre la que ha publicado recientemente un libro.

Javier Solana ha tenido el más importante cargo internacional que ha ocupado un español, la secretaría general de la OTAN, y después dejó la política activa para ser presidente del Patronato del Museo del Prado, un cargo en el que se encuentra muy volcado. Da conferencias por todo el mundo y se mantiene muy pegado a la actividad política y cultural.

Otros socialistas que han ocupado cargos de primer nivel al dejar el gobierno, Almunia y Borrell, han sido comisario de Economía de la UE el primero y es Alto Representante de la UE para política exterior y de Seguridad el segundo.

Un dirigente político en la mina

En esta lista de nombres que han encontrado mejor o peor salida profesional tras dejar la política, hay una víctima clara de la política: Gerardo Iglesias.

Líder del PCE y creador de Izquierda Unida, su vida fue un calvario. Mal aceptado por sus compañeros, sobre todo por Carrillo, no dudó en regresar a Asturias, a la mina, cuando dejó la política, rechazando las pocas ofertas que le ofrecieron.

Con un añadido personal grave: tuvo que ocuparse, tras su divorcio, de su hija, un bebé de un año. Sus problemas económicos fueron serios, con un accidente laboral que le apartó de la mina y de cualquier otra actividad. Vive en Asturias de forma muy precaria, ha sufrido varias operaciones con poco éxito y muchos dolores. La vida ha sido cruel con él, y los apoyos de sus antiguos compañeros, inexistente. La otra cara de la moneda de la política. La del abandono, la falta de perspectivas profesionales para aquellos que no lograron situarse en la primera línea.

Es la razón de que, en estos tiempos de incertidumbre, con escasez de políticos de altura, con formación, peso personal y profesional, con exceso de ambición como principal mérito en su curriculum, sea conveniente echar la vista atrás. La mediocridad puede servir para ocupar un cargo público un tiempo, generalmente corto. Pero es necesario crearse un perfil de seriedad, rigor y coherencia, y trabajar además intensamente, para abrirse camino cuando se acabe el coche oficial.

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