Análisis

Fernando Mendoza

Arquitecto

Pintad, pintad, malditos

El autor advierte de la gran proliferación de grafitis en la ciudad y la inacción municipal

Pintad, pintad, malditos Pintad, pintad, malditos

Pintad, pintad, malditos / Juan Carlos Vázquez

TOMO prestado el título español de la excepcional película del director americano Sidney Pollack (Danzad, danzad, malditos, 1969) para comentar el fenómeno de las pintadas o graffiti en Sevilla, especialmente en su centro histórico. Es un asunto en el que los sucesivos ayuntamientos han preferido ponerse de perfil, porque su solución podría “molestar” a algunos heraldos de lo políticamente correcto. Como puede apreciar cualquiera que pasee por Sevilla, las pintadas lo cubren todo: muros, monumentos, farolas, cajas de registro, escaparates y cualquier elemento vertical. Sobre ladrillo, pintura, piedra, cristal o cualquier otro material. Con el agravante de que, una vez aparece la primera pintada se abre la veda y se multiplican hasta la saciedad.

La motivación de estos grafiteros contemporáneos es incierta. Narcisismo, acotación de territorios urbanos, moda juvenil, ínfulas artísticas, pura ignorancia del daño visual y económico que causan, falta de educación ciudadana… ¿quién sabe? No es ahora el momento de hacer un estudio sociológico de este fenómeno, perfectamente estudiado ya, desde que apareciera en Nueva York, allá por los años sesenta. Sea como fuere y centrándonos en nuestro entorno, el caso es que la proliferación de pintadas está haciendo de Sevilla una ciudad descuidada, sucia y vulgar, no solo ante el turismo exterior sino ante los propios sevillanos.

¿Cómo afrontar este problema propio de grandes urbes de todo el mundo y qué medidas se podrían tomar para cortar la marea invasiva? Ejemplos eficaces existen. No olvidemos que una de las medidas que tomó el alcalde Giuliani en Nueva York para regenerar la ciudad de vandalismo, crimen y droga fue limpiarla de pintadas. Aunque este caso extremo no sea el nuestro, sí sabemos que en otras ciudades españolas están controlando la proliferación de pintadas callejeras. Las autoridades competentes Identifican a los autores, hablan con ellos y/o con sus padres. También les obligan a retirar sus pintadas, como trabajo social.

Las pintadas están haciendo de Sevilla una ciudad vulgar, descuidada y sucia

Concretamente el Ayuntamiento de Salamanca ha redactado un ambicioso plan de lucha contra las pintadas en el que considera tajantemente la adopción de medidas eficaces en el ámbito de la limpieza, concienciación ciudadana, imposición de sanciones e intensificación de la vigilancia policial así como de la colaboración con las instancias judiciales y la fiscalía.

En la ciudad de Sevilla el artículo 23 de la Ordenanza Municipal de Limpieza Pública prohíbe las pintadas en la vía pública. Hasta hace muy poco, bastaba con llamar a Lipasam para que, en pocos días, una brigada municipal limpiara las pintadas de las fachadas, siempre que estuvieran realizadas sobre muros blancos. Ahora, el Ayuntamiento solo las retira en edificios municipales, dejando a los propietarios de las viviendas como responsables de la limpieza y retirada de cualquier acto vandálico que estos “artistas” dejan en sus fachadas.

El paisaje urbano es el transmisor de la imagen que se proyecta hacia el exterior

Es decir, el Ayuntamiento traslada la obligación de retirar las pintadas a los propietarios de edificios, que deben sufragar la solución de la agresión. Si no lo hacen, no pasa nada y la pintada se queda eternamente. No solo el Ayuntamiento no hace nada para identificar y controlar a sus autores, probablemente bien conocidos por la Policía ya que firman sus creaciones, sino que su inacción supone un estímulo para los vándalos. Seguirán haciéndolo porque les sale gratis, salvo el coste del aerosol con que trasladan su perturbada conciencia. De ahí el título del artículo, pintarrajead hasta que Sevilla sea un puro garabato.

La salida de la terrible pandemia que estamos sufriendo debería ser una ciudad más limpia y habitable. Calles, pavimentos, jardinería requieren con urgencia que se refuercen sus cuidados. Pero empecemos por la limpieza global de las pintadas en la vía pública. La imagen de la ciudad sería muy diferente. Hay que ser conscientes de que el patrimonio cultural de Sevilla constituye su mayor seña de identidad, es uno de sus principales recursos y un motor de desarrollo económico. Desde esta consideración, el paisaje urbano es el transmisor de la imagen que se proyecta hacia el exterior en cuanto a cultura, educación ciudadana y tutela del propio patrimonio.

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