Política andaluza: grandes números, pequeñas miserias

El Presupuesto ha quedado solapado por el filibusterismo parlamentario de poner torticeramente la comisión de la Faffe al final de la campaña electoral.

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Política andaluza: grandes números, pequeñas miserias

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No, no es la semana de los Presupuestos, sino la semana de la macarrada parlamentaria del trifachito -después de meses se han ganado recuperar la etiqueta– convocando a tres ex presidentes y una ministra a una comisión sobre corrupción en el cierre de campaña del 10-N. Debía ser, sí, la semana de los Presupuestos, porque los grandes números determinan muchas de las pequeñas realidades de una sociedad, y el Gobierno del Cambio se examina de sus bajadas de impuestos, lejos de las grandes promesas que el presidente andaluz ahora desdeña como "frases de campaña", pero también de sus políticas sociales o verdes, donde hay cosas interesantes. Sin embargo, todo eso ha quedado solapado por el filibusterismo parlamentario de colocar torticeramente la comisión de investigación de la Faffe los dos últimos días de campaña, como antesala de la jornada de reflexión. Si bien se reflexiona, hacen política de tercera.

Citar a la ministra de Hacienda en víspera de ir a las urnas, cuando además ella era consejera de Sanidad ajena al caso, delata que esto no va de corrupción en torno al impresentable Caso Faffe sino de tacticismo con fines electoralistas. Probablemente se crean genios de la sala de máquinas de la política. Pero de momento un buen número de observadores no ha mordido el anzuelo, sino todo lo contrario. Marqués Perales, subdirector de esta casa, resume: "Es electoralismo y mearse en las instituciones". Isabel Morillo, de El Confidencial, recordando que es un asunto de 2011 y ya judicializado, criterio por cierto usado en Málaga por C’s para rechazar una comisión que afecta al PP: "No es querer arrojar luz, es macarrismo político total". "Con todo el morro", dice Isabel Pedrote, de eldiario.es, ironizando sobre el "sin complejos". Y suma y sigue. En fin, no engañan a nadie. O a casi nadie.

Claro que los promotores cínicos del plan probablemente piensen que lo de menos son los observadores, y sólo les interesa el impacto en el voto a dos días del 10-N. ¿Y cómo van a impactar sin apenas margen de tiempo? ¿Utilizando la radiotelevisión pública para martillear? ¿Simplemente confiando en una cobertura mediática regada con publicidad institucional? La carga contra Montero es una operación no ya cutre sino sucia: primero orquestando una reprobación oportunista y hueca, y después citándola como si estuviera salpicada en un asunto con el que no tenía ninguna relación. En fin, el Cambio. Quizá el error fue creer que la palabra cambio suponía cambio a mejor.

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Elías Bendodo ha pasado por otro de esos desayunos que se han convertido en los nuevos púlpitos políticos sustituyendo a las comparecencias y ruedas de prensa para cambiar las preguntas más o menos incómodas de los periodistas por preguntas filtradas a menudo complacientemente. Allí hizo un elogio de sus compañeros de gabinete: "Si entrasen a un Consejo de Gobierno no distinguirían a los consejeros de PP y C’s. Hay sintonía total". Más que un elogio, lo de Bendodo es un regalo envenenado, porque efectivamente retrata algo que está sucediendo: Ciudadanos ha perdido su identidad y se ha convertido en una excrecencia del PP. No hay, es verdad, modo de distinguirlos. Es más, el portavoz de Ciudadanos ejerce de perro guardián suyo casi más que el portavoz del PP.

La consecuencia es que Ciudadanos naufraga en las encuestas. Si no tienen identidad, el voto vuelve al original y no va a la copia. En Andalucía puede perder la mitad de los escaños y hasta alguno más. Y todo esto aún puede deparar, después, un escenario chusco: ¿Qué ocurrirá si tras el 10-N , como propone ahora Albert Rivera, Ciudadanos pacta con Sánchez? Estas cosas que dice ahora el portavoz de Ciudadanos, siempre aferrado a la brocha gorda y la palabrería faltona, tipo "Vergonzoso. Lo que el Sanchismo está haciendo manejando nuestro país da mucha vergüenza ajena. El modus operandi de los suyos, Sr #Sánchez, es bochornoso para la democracia. #Québanda"… ¿En qué quedará? Tal vez sólo depare otra pirueta más, como ya sucedió al pasar de gobernar junto a Susana Díaz durante cuatro años como cómplices fieles a denostarla descarnadamente como si ellos no hubieran estado allí. Pero tanto transformismo al final descoyunta la credibilidad de cualquiera. Y por ahí van las encuestas. Bendodo, claro, con el botín a la vista, elogiándolos tan feliz.

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Susana Díaz se postula para repetir como candidata. Siente que el partido la reclama, pero en todo caso ella se reclama a sí misma. De momento, en el Parlamento, donde no existe la Sesión de Control al Gobierno sino la Sesión de Control al Pasado, ella parece rehuir la bronca y buscar ahora un perfil más presidencialista o presidencializable. De hecho, a pesar de que el trifachito no pare de hacer psicofonías para rescatar las voces del pasado, se la ha visto menos áspera y más contenida, como afinaba Ignacio Martínez en su crónica de las Cinco Llagas.

Esta semana ha llevado una proposición de ley interesante sobre el juego patológico. Las casas de apuestas se han convertido en un agujero negro social. La idea de integrar la ludopatía en el catálogo público de adicciones ya va tarde. Pero el rechazo de PP, C’s y Vox estaba, eso sí, descontado. Que Vox defienda que el juego crea empleo solo evidencia los ínfimos estándares de conciencia social que gastan. El problema no es cuántos empleos crea, sino cuántas vidas destruye. Y no son pocas. Los argumentos de PP tampoco han dado la talla. Pero Ciudadanos acertó con una pregunta: "¿Y por qué no lo hizo usted?" Esa pregunta es uno de los problemas que perseguirá a la Ex.

Aceptando que, como se dijo desde la bancada socialista, las casas de apuestas son "la heroína del siglo XXI" que engancha a jóvenes sobre todo en entornos castigados, el PSOE tiene un lastre: en 2017, este problema ya había entrado en la agenda; en 2018, año en que todavía gobernaban, ya se consideraba un problema social, sobre todo la proliferación en los barrios más pobres, con tres y cuatro casas de apuestas en una sola calle, en la proximidad de institutos, con eslóganes tentadores y persuasivos, ahí en la calle o en la televisión con rostros populares, expuestos a menores cuyo acceso a las salas tiene escaso control... Se pudo actuar antes; se debió actuar.

En algún momento para Susana Díaz quizá se acabará el efecto bumerán, y sus discursos no se responderán con la pregunta de qué hizo ella cuando gobernaba. Pero aún no ha llegado ese momento. Escandalizarse de que el Gobierno andaluz no haga unos deberes que ella misma se dejó sin hacer es de eficacia limitada. Ese es el problema de ser el pasado y aspirar también a ser el futuro.

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