El pasado jueves se celebró el día mundial sin tabaco que, como todos los años, pretende reforzar las políticas de salud que buscan acabar con los efectos negativos del tabaquismo.

La lucha frente al tabaquismo es un ejemplo de las características que definen el desarrollo y aplicación de las políticas de salud pública. Este tipo de políticas siempre se han de enfrentar a la superación de dificultades en diferentes ámbitos.

Uno de ellos es el relacionado con la necesidad de trabajar seriamente en ofrecer argumentos irrefutables al conjunto de la ciudadanía sobre el daño en la salud por el consumo de determinadas sustancias o por seguir un estilo de vida determinado. Esto afecta a tabaco, alcohol, alimentos azucarados o ricos en grasas, cocaína... o a prácticas y estilos de vida como el sedentarismo.

En el caso del tabaco, ha costado muchos años asegurar un elevado nivel de conocimiento y de credibilidad en relación con los efectos nocivos del tabaquismo para la salud individual y colectiva. Esta mejora en el conocimiento y la credibilidad ha permitido una mejor aceptación de las acciones restrictivas impuestas con la llamada ley del tabaco.

Por otra parte, en la aplicación y desarrollo de las políticas de salud pública siempre hay que esperar las resistencias de los agentes económicos que pueden ver perjudicados sus intereses comerciales si se adoptan con éxito medidas preventivas.

En el caso de España, tuve ocasión de vivir en primera persona la reacción que se produjo cuando en el Ministerio de Sanidad decidimos impulsar las medidas legales para prohibir el consumo de tabaco en locales públicos.

Se anunciaba el apocalíptico efecto negativo en la hostelería y muchas cosas más que, afortunadamente, no se han hecho realidad. Eran resistencias lógicas de quienes producen y venden tabaco que usaban de excusa al sector de la hostelería para buscar agujeros y excepciones legales sin dar la cara de manera explícita ante la enorme conciencia social y sanitaria del daño del tabaco a la salud.

Así, las políticas de salud pública requieren por tanto de acciones firmes y fuerte voluntad política para poder ser aplicadas con éxito.

Hoy, con varios años de experiencia en la aplicación de la llamada Ley del Tabaco, las evidencias muestran beneficios reales en la salud de las personas con datos que reflejan una menor morbilidad y menor mortalidad. Y se puede asegurar que mereció la pena. Pero aun así, no podemos dejar de evaluar que aspectos de la lucha frente al tabaquismo son mejorables para actuar renovando las medidas de salud pública que hacer posible el lema de salud para todos y salud sin fronteras.

Aprender de experiencias de otros países, valorar las nuestras y ponerlas a disposición de la humanidad a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es una obligación y un noble objetivo.

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