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Análisis

José León-Castro

Catedrático de Derecho Civil

‘Polítikos okupas’

Dicen que España está ante una crisis constituyente cuando estamos ante un caos preconstituído

Dicen que España está ante una crisis constituyente cuando más exactamente ante lo que estaríamos es ante un caos preconstituido o, casi diría, ante una crisis de identidad cómo corresponde a la de quiénes a diario la alimentan. La expulsión, que ni fuga ni salida, del Emérito no es sino una burdamente urdida cortina de humo para, en su insana tibieza, preparar el ataque no ya a la Institución sino a la Constitución. Sin embargo nadie se alarme, los pirómanos son tan zafios en su formación bolivariana que exigen la retención del Monarca cuando lleva días a miles de kilómetros, que instan contra él medidas cautelares ante lo que el Tribunal Supremo ha tenido que explicarles que estas no caben en nuestro sistema procesal contra nadie que no se halla investigado, que solicitan la complicidad de la pérfida Corina ¿o es que acaso era ese el verdadero objeto de deseo del macho alfa morado?.

Hace tiempo que pienso que ésta situación sólo Europa podría revertirla, y no ya sólo exigiendo, como según cierta prensa han hecho Merkel y Macron, el cese fulminante de Iglesias sino también condicionando cualquier rescate a una auditoría global, es decir en lo económico, en lo político, en lo sanitario, en todo lo que signifique hurtarle la competencia a los incompetentes. Ya no es cuestión de control sino de imposición, de aniquilar a los Calvo, Echenique, Illa, Marlaska, Monteros (ambas), Garzón, Yolanda, Simón y al hilarante gurú Tezanos. Quizás así el capo Sánchez sería creíble en Europa y volvería el turismo, nuestra primera fuente de recursos, en lugar de las pateras que anhela el visionario Monedero,

Pero no, en éste país de opereta que se han montado en dos años, los Pujol, Torra, Puigdemont, Otegui, Ternera, y demás indeseables, son la tropa necesaria para defender la fortaleza de La Mareta dónde se ha instalado el fatuo cabecilla en su afán de gozar de idénticos privilegios que el Jefe del Estado. Y es que el Presidente, por ahora sólo del Gobierno, no oculta que su aspiración soñada sea presidir la III República. Para ello, a menudo se le ha visto tratando de suplantar al Rey siquiera sus reiteradas tentativas le han conducido a ser presa de disparatados ridículos. Pero su psicopático ego le hace ya pensar y creerse algo más que conductor de la banda.

Así toma forma otro de los grandes males que azota nuestro país, el de las okupaciones. Las gentes aprenden de la impunidad con quien alguien okupa La Moncloa, de las cruentas mordidas al presupuesto de la nación para que quien hasta hace poco era un insustancial invitado a tertulias televisivas rosas, amarillas y demás bagatelas, ahora ocupa un chalet de quinientos metros con una guarnición de policías y guardias civiles que, a la fuerza, asumen el ingrato papel de represores de las libertades civiles. España toda ha sido okupada por quiénes no poseen más argumentos que el asalto, el odio y el revanchismo. Ante ello, y aprovechando su completa ignorancia, ejerzamos una acción reivindicatoria con nuestra libertad, nuestra felicidad y nuestra paz cómo objetos concretos a demandar.

Y por último una reflexión de actualidad. Por lamentable e irritante que sea el panorama de nuestro país, ni la salida del Rey emérito ni la anunciada moción de censura nos traerán beneficio alguno. Lejos de ello no harán sino robustecer la posición de los filibusteros. La democracia que disfrutamos hace más de cuarenta años, el respeto que un día merecimos de Europa, la bonanza económica en que hemos vivido instalados, la alternancia políticamente natural y razonable con que la Constitución ha propiciado la convivencia de todos, hoy se ven seriamente amenazadas. Haría bien el actual Jefe del Estado en no fiarse de tanto judas que ya sólo ven en su figura la próxima diana de sus envenenados dardos. No nos engañemos, ni el cambio del moño a la coleta esconde la chepa intelectual, ni el sosiego que el padre ha querido para el hijo, es deseable para las insidiosas mentes que nos (des)gobiernan.Con el dispendio diario, las decenas de miles de cargos superfluos, los sueldos de toda esa legión de ineptos, okupas también de puestos de alto rango, ante la amenaza de subida de impuestos, bajada de pensiones, privaciones de servicios públicos primarios y de tantos y tantos aberrantes dislates sólo cabe unirse en la desobediencia y hacerles ver que no son el gobierno que España merece.

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