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Análisis

gumersindo ruiz

Prestigio y decadencia de las universidades

En el Times Higher Education's de 2019, está la lista de 1.250 universidades seleccionadas en 86 países, que publica la editorial Elseviers, y sigue unos criterios auditados de forma independiente por PwC. Entre ellas aparecen 38 universidades españolas, que representan el 3% del total de esta muestra. Hay varias ideas que surgen de este ranking, cuyos diez primeros puestos los copan tres universidades del Reino Unido -Oxford y Cambridge, las dos mejores del mundo, y el Imperial College- y siete norteamericanas. La primera idea gira en torno a los cinco grupos de criterios que se siguen para valorar una universidad: a) Enseñanza, y dentro de ella, una encuesta internacional sobre su reputación, la proporción entre profesores y alumnos, entre doctorandos y alumnos, entre doctores y profesores, y los ingresos institucionales que tiene en relación a los profesores; b) Investigación, volumen de publicaciones, dinero para investigación, y repercusión de la misma; c) Citas de los trabajos como forma de medir la influencia; d) Profesores, investigadores y alumnos, internacionales; y e) Ingresos por transferencia de conocimiento. Los tres primeros valoran un 30% cada uno, y los otros dos un 7,5 y un 2,5%, respectivamente.

La segunda idea surge de las universidades españolas en el ranking; las tres primeras son la Pompeu Fabra, la Autónoma, y la Universidad de Barcelona, en los puestos 135, 145, y en el grupo 201-250 (pues a partir del 200 se agrupan); hay otras cuatro universidades catalanas, más atrás. Esto confirma el superior atractivo internacional que tiene Barcelona para el talento joven, en empresas de desarrollos de alta tecnología, de muy pocas personas, que eligen la ciudad y sus universidades al margen de otras consideraciones, lo cual he podido constatar una vez más en una visita reciente para dar una conferencia en la Societat Catalana D'Economia, con los profesores Arruga, Montserrat, Ros Hombravella, y otros amigos como el matemático empresario Trías Capella. Salvo tres, que están entre 251 y 500, las demás universidades españolas aparecen a partir de los puestos 500. De Andalucía, Granada y Sevilla están entre el 601 a 800; y Almería, Jaén y Pablo Olavide, en el 801 a 1.000. La tercera idea es que universidades jóvenes se están haciendo un hueco en esta lista, y el mejor ejemplo es la universidad china de Tsinghua, que con el número 100 se sitúa como la primera de Asia, gracias a su prestigio en matemáticas, informática, física e ingeniería; la internacionalización del profesorado y la formalización -en cualquier disciplina- son las claves del éxito. Y, por último, una idea que sobresale y que ha hecho subir como la espuma a las universidades francesas es la fusión entre centros; no se trata de que creamos que hay muchas o pocas, sino de que al igual que es necesario en las empresas alcanzar eficiencia mediante consolidaciones, las universidades -españolas, andaluzas- deberían considerar si la unión en algunas enseñanzas y en la investigación y sus desarrollos llevaría a una mejora en la calidad y el uso de los escasos recursos con que cuentan. Es un tema duro y polémico, pero del que algún día habrá que hablar.

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