Análisis

Antonio Gutiérrez Limones

Senador socialista

No es volver a empezar, es recomenzar

El socialismo andaluz debería poner las luces largas: no se trata solo de elegir entre candidatos, estamos respondiendo a viejos y nuevos retos, iniciando un nuevo ciclo

Juan Espadas, Pedro Sánchez y Susana Díaz, en un acto en Sevilla.

Juan Espadas, Pedro Sánchez y Susana Díaz, en un acto en Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

En La Sociedad del Futuro Oskar Lafontaine, por entonces como una de las figuras más destacas del SPD, relata un viaje por las inabarcables llanuras francesas de las Landas. Al ver venir los vehículos desde muy lejos pensó que los accidente deberían ser escasos; sus compañeros de viaje franceses refutaron su impresión: aquel paraje en la que todo estaba a la vista no era, como cabía esperar, el más seguro; se producían no pocos accidentes por pensar que sobraría tiempo para reaccionar o no prestar atención a la conducción.

El socialismo andaluz, que está convocado a elegir a quien habrá de liderar la construcción de un nuevo proyecto, debería poner las luces largas y estar atento a las señales. No se trata solo de elegir entre candidatos, estamos respondiendo a viejos y nuevos retos, iniciando un nuevo ciclo.

Existe un modelo, al menos un conjunto de similitudes, en los procesos con los que muchos partidos han iniciado una nueva andadura. El Partido Demócrata, con Clinton; el SPD de Schröder; o el Partido Laborista, con Blair.

Resulta de interés recordarlo. En primer lugar, ha de reconocerse que se ha perdido relevancia e indagar sobre las causas a las que se debe dar respuesta, básicamente mejorar tu proyecto para el país.

El Partido Demócrata, por ejemplo, se centró en reconectarse con los valores de la nueva sociedad, enfatizando valores como la responsabilidad individual o la familia; superaron el discurso de los derechos y hablaron también de obligaciones.

Algo parecido sucedió con el SPD, asumió que era visto como un partido de oposición, un partido volcado en un conjunto reducido de políticas, un partido “de oposición” incapaz de ensanchar su agenda. Con Blair, el Partido Laborista haría un esfuerzo similar por saber cómo habían evolucionado las necesidades de los electores y dotarse de la capacidad de respuesta necesaria para afrontarlos.

Cabe extraer tres grandes retos: construir una agenda para la relevancia, impulsar el sentimiento de comunidad política (los electores no son consumidores) y abogar por una administración orientada a la resolución de los problemas públicos.

Una agenda relevante es la que coincide con las preocupaciones ciudadanas, es relativamente sencillo medirla, basta con comparar los problemas que más preocupan a los ciudadanos (el CIS los publica regularmente) y preguntarse si esas preocupaciones se corresponden con el discurso público de políticos y, muy señaladamente, periodistas. Resulta doloroso comprobar las dificultades con las que se han abierto paso las políticas de atención a la infancia, por ejemplo, cuando la pobreza infantil sella para siempre el destino de muchas personas. Eso sí que es “invisibilización”.

El discurso público, en muchas ocasiones, rebaja a los electores a meros consumidores de servicios o prestaciones. Como decía R. H. Tawney, los deberes “constituyen un principio de unidad, inducen a los hombres a cooperar, mientras que los derechos constituyen un principio de división y animan a los hombres a resistir”. El derecho a la sanidad de mis hijos es individual, pero tiene un carácter colectivo, surgen de una comunidad entre cuyos valores figura el cuidado de la salud infantil. Cuando rompemos ese vínculo los derechos en su conjunto se debilitan, somos una comunidad política, no una mera agregación de consumidores de servicios públicos.

Una vida plena como individuos exige un marco institucional estable y la capacidad de intervención para impulsar proyectos o resolver problemas. Sin un aparato administrativo capaz de generar valor público la política se quedará en el terreno de las intenciones. Identificados los problemas a resolver hemos de medir cómo mejoran.

Las primarias son parte importante de la democracia interna y un ejercicio de responsabilidad respecto a nuestra sociedad. La democracia está cuestionada en muchos países, la desigualdad o la concentración de oportunidades en las grandes ciudades. El resultado ha sido la erosión de nuestro sistema y la polarización de nuestra convivencia. La izquierda cultural, que con tanta lucidez criticó Richard Rorty, ha impulsado debates muy alejados del común de las preocupaciones y, ocasionalmente, de la propia realidad.

Debemos ampliar nuestra base, sin olvidar jamás el centro de nuestra posición política. Somos el partido de la predistribución y la distribución, no una colección de minorías. Cuando nos absorben los debates de identidad, sembramos las bases para dejar de articular un amplio consenso social.

Hablar de lo que está por hacer aconseja, en primer lugar, reconocer las insuficiencias del pasado y del presente, preguntándonos qué cosas pudieron hacerse mejor, comprometerse a mejorar. El mundo municipal, al que unánimemente se reconoce como determinante no ya de las victorias, sino del crédito mismo del PSOE ante la sociedad española. Me cuento entre los que creen que éste saber estar “pegado a tierra”, atento a las señales, resolviendo lo pequeño y orientado a lo grande, se ha manifestado con más frecuencia en el mundo municipal. Pocos representan la cercanía y la altura de miras de municipalismo mejor que Juan Espadas.

Hagamos un proceso para responder a nuestros retos, no a nosotros mismos, esa es nuestra responsabilidad, “la democracia genuina no es simplemente una máquina que, una vez encendida, funciona sola eficazmente. Depende de las personas” (Inglehart & Wezel) De eso, de las personas y de la capacidad para generar un instrumento útil para mejorar sus vidas. 

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