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Análisis

Tacho Rufino

Provincianos del mundo, uníos

Las asimetrías ligadas al 'efecto sede' están detrás de concesiones bajo cuerda, pero es un fenómeno de difícil reversiónLos comprensivos con el independentismo económico no tragan la riqueza de Madrid

En todo el globo, las capitales son centros de absorción de infraestructuras, innovación, educación, desarrollo cultural y talento. Y sobre todo de inversiones. No sólo públicas; también privadas: el efecto sede significa un importante aporte localizado de capital, niveles formativos superiores que exigen servicios sofisticados, colegios de élite, continua oferta artística, automóviles de alta gama o al menos nuevos; funcionarios, muchos de alto nivel. Gente -mucha- con alta capacidad de gasto y consumo de calidad, que en su mayoría proviene de fuera de las capitales apenas rasques un par de generaciones. Empleados y empresarios que acaban en Madrid, París, Londres o Praga. O Barcelona, Milán o Múnich, que al fin y al cabo son capitales como la copa de un pino en países de cierta dimensión. Macrourbes y conurbaciones donde se aglutina la producción, el comercio, los servicios avanzados, la mano de obra, las fábricas, los servicios centrales: la sede.

Madrid (o Barcelona) son destinos laborales naturales de usted; o de sus hijos, sobrinos o nietos. La España vacía o vaciada -como se dice con intención de atribuir la culpa del fenómeno a alguien- es un hecho histórico contemporáneo, acentuado en las últimas décadas. "Dinero llama dinero", que es una forma refranera de aludir a las economías de escala y a las algo manoseadas sinergias. El movimiento centrípeto parece inexorable: las provincias se vacían, sobre todo de mentes recién formadas en edad de producir. Madrid y Barcelona representan un movimiento centrípeto bipolar (esto es, con dos polos). En un juego de suma cero, lo que ellos ganan, otros lo pierden. Al periférico lo llamarán atrasado o parásito. Encima.

Cataluña reclama su independencia con una base económica, fiscal, muy motivada por celos históricos con el irracional sistema de financiación vasco y navarro. Se permite incluso burrear a Sánchez, diciéndole por lo fino que "aunque me proveas de dineros extra [y no a otros, cabe reiterar], mi proyecto de república no moverá una ceja". Muchos independentistas catalanes lo son por un supuesto déficit de infraestructuras, aunque con ello ignoren que la gestión de los presupuestos catalanes ha sido mucho menos que buena durante muchos años. Urdir el sentimiento de agravio y superioridad nacionalista a lo largo de dos generaciones despista la llevanza pública y cuesta dinero, que no va adonde en puridad económica debe. Y duele Madrid.

Valencia, como buena parte de la izquierda seguidista, es comprensiva con el rupturismo catalán, al tiempo que apunta contra Madrid: duele la fidelidad electoral al PP. La renta per cápita del foro es entre un 30 y un 40% superior a la media nacional y la de la UE. Según hemos sabido, Ximo Puig y su conseller económico, Soler, quieren que los madrileños de clase alta paguen más impuestos. No se alcanza sino por populismo -o sea, trile- a entender el argumento, pero es éste: "Todos hemos hecho crecer a Madrid, y ahora debe repartir" (Soler, sic). Se me ocurre, de provincianas maneras, decirle al levantino de tal fiscalidad levantisca que yo, o los andaluces y los extremeños o castellanos o asturianos, también hemos hecho crecer a Valencia. No sé en qué medida y con qué balanza fiscal, pero seguro que sí. A ver si ustedes pueden repartir un poco de su excedente de renta entre otras regiones menos privilegiadas por las circunstancias históricas, o sea, por la economía y la política. Incluso -genios Puig y Soler- podríamos exigir ante la ONU y la Santa Sede que se desmonte el efecto Cupertino (Cupertino es la zona más rica de Silicon Valley). Todos hemos hecho crecer a Gates, Bezos, Zuckerberg, así que ahora deben repartir en las provincias del imperio tecnológico, el más grande de la historia. Un impuesto o algo.

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