Análisis

francisco andrés gallardo

Quini

De mis primeros recuerdos, ya que uno vio y ha tenido que ver tanto, se me viene un reportaje en cine de Estudio Estadio, en una tarde de lunes, donde el programa de la Primera y (casi) Única viajaba hasta Gijón para interesarse por un equipo que iba por la cola y que sin embargo contaba con el gran aspirante al Pichichi, un joven Quini que no estaba aún en el objetivo de los grandes porque buscaban las estrellas por viveros de oriundos y tulipanes.

Un reportaje como aquel se presiente improbable hoy pese a la cantidad de horas que en multitud de cadenas se dedica al fútbol y a su chiringoteo estelar. Tal vez en espacios de Movistar + o en Gol aún se pueden dedicar monográficos a futuros Quinis que estén llamando a la puerta desde algún equipo apartado, como aquel corajudo Sporting de los primeros frutos de Mareo. La personalidad de Quini, zorro en el césped y compadre de paisano, le llevó a portadas y a muchos minutos de televisión pese a ser de un histórico de la periferia. El Sporting de los internacionales Quini, Churruca y del míster Vicente Miera bajó a Segunda y subió a Primera con el Cádiz de Enrique Mateos y del chileno Carvallo. Un gran duelo por el ascenso que allá por el 77 se detenía cada semana en el Gran Estadio de Juan Manuel Gozalo y el Polideportivo, en el UHF, con José Félix Pons y una tal Mercedes Milá. TVE mostraba una pasión y un interés sano por el fútbol que incluso estaba hasta mal visto.

Quini llevó al Sporting a tocar el título con los dedos y fue fichado, al fin, por un Barça eternamente frustrado. El asturiano le daba humanidad al Nou Camp. Ya fue mala suerte lo de su secuestro. El Barça caía bien y estaba lejos de su delirio indecente. Un seleccionador acomplejado como Santamaría lo repescó para el 82 cuando la afición clamaba en modo Raúl selección. El Brujo aportó de las pocas chispas alegres de aquel mundial por parte española. Currelante del balón, obrero amistoso, Quini era la traslación al color de Ciriaco, Quincoces y Pichichi. Cuando el fútbol de élite, todavía, era terrenal.

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