Análisis

Pilar Cernuda

Retos inmediatos: la vacunación y las catalanas del 14-F

En las elecciones de Cataluña no se decide solo una fórmula de gobierno de coalición, sino un modelo de convivencia para un futuro marcado por el devenir de la pandemia

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante una comparecencia en Moncloa. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante una comparecencia en Moncloa.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, durante una comparecencia en Moncloa. / M. Fernández (EP)

Para los políticos la prioridad es siempre la política. No es una perogrullada, sino una realidad siempre confirmada por los hechos. La vacunación contra el Covid-19 es el reto más importante para los dirigentes políticos de cualquier signo, tenga o no responsabilidades de gobierno. No por una preocupación exacerbada por las cuestiones sociales, que seguramente la tienen, sino porque sus carreras políticas, tanto nacionales como autonómicas y municipales, dependerán en gran parte de esa operación que para los españoles se ha convertido en símbolo de supervivencia.

El segundo reto, ya sin tanto tinte social aunque influye profundamente a la convivencia en Cataluña –afecta por la lengua, cultura, formación e incluso el deporte- está en las elecciones autonómicas catalanas, previstas para el 14 de febrero pero que podrían retrasarse si no cede la intensidad de la pandemia, como ocurrió con las elecciones vascas y gallegas en la pasada primavera.

Ayuso, a la cola

La eficacia en la vacunación masiva y cumplir con el calendario que se había prometido, todos los españoles vacunados antes del verano, puede potenciar o derrumbar biografías. Isabel Ayuso, siempre cuestionada porque la izquierda la ha convertido en la diana de sus dardos, no ha cumplido las expectativas que se esperaban de una presidenta autonómica que fue puntera en muchas decisiones que adoptaron luego otros gobernantes, pero sin embargo se encuentra en la cola de las regiones con mejores cifras de vacunación. Cree que cambiará la situación a partir del lunes, pero le costará remontar la imagen actual de no haber estado a la altura. Feijóo una vez más sale reforzado por las cifras de vacunados, aunque es el asturiano Barbón el que mejor ha hecho los deberes. El resto de los gobiernos regionales se han movido en un terreno muy similar, con unos primeros días en los que han tenido que ir adaptándose a las circunstancias de recibir unas vacunas que debían ser almacenadas con medidas específicas poco habituales y pasar un tiempo por un proceso de descongelación antes de ser inyectadas a los pacientes.

Los laboratorios Pfizer y Moderna han cumplido sus compromisos, los profesionales sanitarios elaborado sus cuadros de vacunación con el personal disponible, y por tanto una vez más se exige a los políticos que asuman sus responsabilidades, que es responder a las necesidades de los expertos necesarios. De no hacerlo, los ciudadanos recordarán el trabajo bien o mal hecho a la hora de acudir a las urnas, tanto en elecciones generales como autonómicas, porque las consecuencias de esta pandemia no se van a olvidar en años, y se premiará o castigará a quienes no hayan estado a la altura de la situación.

En las elecciones de Cataluña no se decide solo una fórmula de gobierno de coalición –imposible el monocolor-, sino un modelo de convivencia para el futuro.

La peripecia independentistas ha sido tan desastrosa que los sondeos coinciden en que esos partidos se encuentran en franco declive y en caso de no conseguir escaños suficientes para volver a la fórmula independentista sumando Junts y PDeCat, tendrían que contar con otros para mantenerse en el gobierno. El que más les tienta es En Comú Podem, el más próximo a sus tesis aunque afirma no buscar la secesión de España, pero se encuentra en una clara situación descendente. Sin embargo lo que más caracteriza actualmente al independentismo es la rivalidad exacerbada entre Junts y el PDeCat, que acaba de recibir un toque de la Junta Electoral que puede afectar al resultado se las elecciones cuando se celebren.PDeCat y Convergencia Democrática de Cataluña concurrieron a las elecciones últimas bajo las siglas Junts per Cataluña. La huida de Puigdemont, el proceso a los responsables del referéndum ilegal del 1 de octubre y sobre todo tensiones personales de imposible arreglo, provocaron que Puigdemont se quedara con las siglas de JxC. Que mantiene una postura de ruptura total con PDeCat y, al mismo tiempo, mantiene también la rivalidad con ERC. La Junta Electoral Catalana ha determinado que las siglas JxC no se presentaron como tal en las últimas elecciones, CDC no se presenta ahora y por tanto solo PdeCat puede tener los privilegios de los partidos con representación parlamentaria, participación en debates en los medios de comunicación públicos, espacios propios en esos medios y fondos para la campaña. Todo un torpedo en la línea de flotación de Junts, que presenta a su portavoz parlamentaria Laura Borrás como candidata a la Generalitat aunque Puigdemont encabezará la lista para demostrar así quién manda en Junts.

En esas aguas revueltas independentistas esperan los socialistas pescar algún voto. Pretenden contar con escaños suficientes para formar con ERC y En Comú un tripartito, copiando así la fórmula del gobierno central. Cree el PSC que incluso podrían presidir ese gobierno, de ahí que haya designado a Salvador Illa como candidato, tiene hoy más simpatías entre los votantes de izquierdas que Miquel Iceta.Illa se mueve en un difícil equilibro. Se juega mucho si la campaña de vacunación no sale bien, aunque desde su ministerio y sobre todo desde Moncloa tratan de llevar la atención a los gobiernos regionales, y tiene también una polémica que se agranda: que continúa como ministro cuando ya es candidato. No quiere renunciar al cargo, entre otras razones porque teme que si se retrasan las elecciones quedaría varios meses en tierra de nadie, mientras si se mantiene como ministro de Sanidad no habrá día en el que no sea noticia, que es lo que más importa a un candidato.

La jugada de Cs

PP y Ciudadanos han protagonizado carambolas electorales. Alejandro Fernández, candidato del PP, ha fichado para el partido a Lorena Roldán, figura destacada de Cs, que acumulaba agravios por parte del que ya es su ex partido, pues no fue confirmada como candidata a la Generalitat a pesar de haber ganado las primarias. Ciudadanos ha respondido defendiendo a su candidato, Carlos Carrizosa, y colocando de número dos a la periodista Anna Grau, que había pedido la militancia un año atrás. Una jugada inteligente: Arrimadas no ha querido acudir a un fichaje externo: lo tenía en casa. Pero además Grau se ha convertido en el símbolo de los catalanes no independentistas que sufren amenazas y boicot profesional por denunciar la situación de quienes mantienen con orgullo su españolidad.

En ese escenario Vox reivindica la derecha Sin complejos. A su candidato Garriga se le dio un empujón de conocimiento social cuando Abascal decidió que fuera el diputado que defendiera su moción de censura contra Pedro Sánchez. El objetivo de Vox es superar en votos al PP, y algunos sondeos recogen que eso podría suceder. En las últimas horas un elemento exterior puede perjudicar a Vox y Garriga: el asalto al Capitolio de los seguidores de Trump alentados por el propio Trump. El golpismo provoca rechazo en los votantes, incluso en los extremistas. Y Vox apoya abiertamente a Trump y le sigue apoyando.

Los españoles de a pie encaran los dos próximos meses con la mirada puesta en la campaña de vacunación: las noticias sobre la llegada de las vacunas, las posibles reacciones y los comentarios de los expertos sanitarios. Los políticos siguen esa campaña con ojos electorales y con la atención puesta en Cataluña: es mucho lo que se juega allí. La convivencia ciudadana, el futuro del independentismo… y algunos liderazgos nacionales. 

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