Crónica Personal

A Sánchez se le mueve el tablero

Las dificultades se suceden para el presidente: malos resultados en Galicia y País Vasco, el caso Dina enturbia la alianza con Iglesias, la UE no suelta el dinero tan ricamente...

Pedro Sánchez se reúne con líderes europeos. Pedro Sánchez se reúne con líderes europeos.

Pedro Sánchez se reúne con líderes europeos. / Borja Puig de la Bellacasa / Efe

En apenas siete días, a Pedro Sánchez se le ha movido el tablero de tal manera que el guión que había diseñado para los próximos meses se le ha venido abajo: acabar la legislatura en coalición estable con Podemos, aunque teniendo en cuenta la alta probabilidad de que pocos meses antes del final Pablo Iglesias decidiera romperla para sacar así rédito electoral.

Las peligrosas perspectivas actuales sobre el futuro económico y sus graves consecuencias laborales las pensaba solventar el presidente con las importantes ayudas de la UE: 140.000 millones del fondo de recuperación, de los que 77.000 serían transferencias directas y el resto préstamos a devolver. A esa situación esperanzadora, incluso optimista, contribuía la convicción del presidente de que la vicepresidenta Nadia Calviño tenía los votos asegurados para ser elegida nueva presidenta del Eurogrupo, lo que la obligaría a ser muy estricta con los dineros españoles, sobre todo los gastos, pero también suponía contar con una voz relevante en el foro económico más importante de la UE.

Para rematar el escenario en el que Sánchez creía moverse con seguridad pues el viento le era favorable, Ciudadanos se consolidaba como seguro apoyo de legislatura, mientras que el PP no acababa de arrancar como un sólido y fuerte partido de oposición, una alternativa de Gobierno.

Las malas noticias

Esa situación, que permitía a Sánchez mantener la eterna sonrisa que para muchos resulta irritante, se ha venido abajo en los últimos días. El tablero se ha movido de forma impensable y las fichas han enredado y envenenado sus sueños. Le ha dolido especialmente que el PSdeG ha sido superado con creces por el BNG en Galicia, con un agravante que jamás manejó como posible: Podemos no ha conseguido un solo escaño en el Parlamento gallego y también se ha desplomado en el País Vasco, donde los socialistas mantienen el tipo y podrán repetir la fórmula de coalición con Urkullu. Siguiendo con las malas noticias, Cs tampoco logró escaño en Galicia y si lo ha hecho en el País Vasco ha sido porque iba en coalición con el PP. El partido de Arrimadas sigue con su fuga de militantes, por lo que su apoyo al Gobierno queda muy devaluado a pesar de sus diez diputados.

Los problemas con Podemos empezaron antes de conocerse el resultado electorales. Y, contra todo pronóstico, la figura seriamente cuestionada es la del líder de la formación, que ha protagonizado un oscuro caso en torno al robo, o supuesto robo, del móvil de una antigua asesora, Dina Bousselham, que retuvo Iglesias una vez que le fue entregada la tarjeta del móvil por el propietario del Grupo Zeta y que devolvió meses después a la propietaria aparentemente dañada a propósito.

EN las últimas semanas ha habido un goteo constante de datos que agravaban la situación, al punto de que en el propio Gobierno hace tiempo que se escuchan voces que planteaban la necesidad de romper la coalición o al menos reestructurarla reduciendo el poder de Iglesias, porque el asunto Dina estaba tomando un cariz que no sólo perjudicaba al vicepresidente segundo, sino a la imagen de todo el Ejecutivo.

Iglesias no suavizó las cosas sino que, al contrario, sacó a la luz su peor imagen, la más intolerante, arremetiendo contra los medios de comunicación de forma exacerbada, hasta el punto de que el propio Sánchez y varios ministros tuvieron que pronunciarse a favor de la libertad de expresión para neutralizar las posiciones del dirigente de Podemos. Por otra parte, en el partido morado empezó a cuestionarse la idoneidad de Iglesias para mantenerse al frente de la formación y, a la vista de los resultados de las elecciones vascas y gallegas, esa idoneidad se ha cuestionado aún más, con declaraciones muy duras de quienes formaron parte de la Ejecutiva en tiempos pasados y fueron desplazados, o expulsados, al no ser incondicionales de la pareja Iglesias-Montero.

Todo ello era observado con inquietud por Sánchez y su equipo, que llegaron a temer que el caso Dina rompiera la unidad de Podemos –que no es muy sólida– y esa ruptura, o inestabilidad interna, afectara directamente al futuro de la coalición.

Miradas a Yolanda Díaz

No ayuda al buen clima las relaciones tensas de Iglesias con parte del equipo de Sánchez, sobre todo Calvo, Calviño, Planas, Maroto y Escrivá –aunque este último ha hecho el intento de acercar posiciones– y además se ha abierto una brecha en Podemos, con tensiones abiertas entre Iglesias y la titular de Trabajo, Yolanda Díaz, a la que algunos consideran la persona adecuada para sustituir a Iglesias al frente del partido. Una solución que daría tranquilidad a Sánchez, que a pesar de las declaraciones públicas sigue sin fiarse del líder morado Iglesias aunque, en contraprestación, tampoco Iglesias se fía del presidente del Gobierno.

Aparte del peligro de ruptura de coalición, lejano pero que el caso Dina podría provocarlo si los jueces imputan a Iglesias previa petición de suplicatorio –una situación muy delicada porque los diputados del PSOE tendrían que pronunciarse–, lo que más preocupaba estos días a Sánchez es la incertidumbre con el Plan de Reconstrucción de la UE para que le caigan a España las docenas de miles de millones con los que contaba el presidente para gobernar sin que los españoles se echen a la calle ante medidas económicas que no pueden asumir.

La gira de Sánchez por varios países europeos ha sido decepcionante. Ni siquiera Merkel le garantizó que llegaría a España la cantidad de dinero que el Gobierno daba por segura. Si llega, obligará a tomar decisiones muy duras desde el punto de vista fiscal, salarial y de pensiones, y no será un dinero a fondo perdido, sino préstamos que habrá que devolver. Y las arcas españolas están vacías. Sabe perfectamente Sánchez, porque así se lo han dicho sus interlocutores, que están obligados a tomar precauciones máximas con España, porque la coalición con Podemos les provoca una inquietud inconmensurable.

A todo esto se suma la polémica en torno al Rey emérito y sus cuentas opacas en Suiza, un asunto que efecta gravemente a la imagen de un Felipe VI que provocaba admiración unánime incluso entre los republicanos y que ahora se convierte en ariete de Podemos, independentistas y de un sector de socialistas que propugnan la reforma constitucional para abolir la Corona y presionan al Rey para que tome medidas contra su padre aún más drásticas. Sánchez se ha puesto de perfil, lo que ha dañado su imagen institucional porque a un presidente, de cualquier gobierno, se le exige que defienda la Constitución. Puede hacerlo sin que eso signifique que respalda a don Juan Carlos, que atraviesa la peor etapa de su biografía, por otro lado muy plagada de situaciones muy difíciles.

El pasado jueves, tras cuatro meses, se reunió el comité que coordina la convivencia entre los ministros del PSOE y de Podemos. El paréntesis se debía al confinamiento, pero se tiene la seguridad de que esta convocatoria era indispensable para aclarar la situación de incertidumbre y tratar de reconducir las tensiones en el Consejo de Ministros.

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