Dietario de España

Tormenta eléctrica, gota fría... llueve en Moncloa

La subida desaforada del precio de la luz ha venido a empañar una ‘reentré’ que Pedro Sánchez se prometía feliz gracias a la vacunación y la recuperación económica

Pedro Sánchez, durante una comparecencia este verano.

Pedro Sánchez, durante una comparecencia este verano. / VALDA KALNINA / Efe

La política –y la guerra- son circunstanciales y, las más de las veces, imprevisibles. A Napoleón lo derrotó el general invierno ruso. Pero Hitler debió haber aprendido del corso antes de enterrar, siglos después, a sus tropas a menos veintiocho grados a las puertas de Moscú. El precio del recibo de la luz siempre vuelve a la política española como la nieve a Rusia.

Recuperación justa, la luz por las nubes

Pedro Sánchez se prometía un feliz regreso al tajo: las vacunaciones han alcanzado cifras notables y la covid empieza a estar razonablemente controlada; el verano ha explotado con un mix de ansiedad por vivir, ahorro disponible y la recuperación de la sensación de seguridad; España ya ha recibido ya los primeros 9.000 millones de euros del maná europeo; el salario mínimo, encauzado; y para empezar septiembre, el mejor dato de la serie histórica del empleo en agosto. Añadan a las expectativas presidenciales que algunos de sus nuevos ministros sacancon nota de sus primeros envites: el siempre sensato e inteligente Félix Bolaños y el titular de Exteriores, José Manuel Albares (ambos funcionarios públicos), cerrandola crisis con Rabat y co-gestionando la operación de Kabul. El nombramiento de Albares proyecta luz sobre el error de haber nombrado a González Laya. Desde que trabajaba en Moncloa en el equipo de Sánchez parecía el candidato natural al puesto. Sorprendió su no nombramiento, consumado ahora en segunda instancia. Pero ahora va a resultar que sin tanta vedete en Moncloa, sin edecanes que anuncien entrevistas con Biden de 45 segundos y sin que destripen y adelanten en tribunas de periódicos los planes estratégicos para la España de 2050, las cosas están más engrasadas. Hay menos ruido; ya se verá, si más nueces. Pero, de entrada, la salida del entorno del gobierno de perfiles como el de Pablo Iglesias o Iván Redondo ha reducido notablemente los chirridos.

Y así enfilaba, entre algodones, la reentré el presidente, hasta que la tormenta eléctrica se ha hecho, definitivamente, carne. Nada nuevo, en realidad. El precio de la luz es un asunto recurrente. Pero ahora ha estallado de la peor manera posible: con precios históricos cuando aspiramos a la recuperación económica.

El subidón se produce a pesar de que el Ejecutivo ha tomado medidas (reducción del IVA, suspensión del impuesto del 7% o el bono social térmico para las economías más vulnerables) para amortiguar el precio. Lo cual provoca una sensación aun peor: ni siquiera el gobierno puede tener bajo control el precio de un bien esencial.

La luz es el único producto que consumimos con dos características diferenciales: que es imprescindible comprarla y que no entendemos bien qué pagamos ni por qué sube desaforadamente. Y nunca nos va a ir bien con un bien de consumo cuyo valor entendemos pero ignoramos el porqué de su precio. Por si faltaba algúnelemento pintoresco: algunas compañías eléctricas se han dedicado a vaciar pantanos para obtener más beneficios(consejo: no trate de entenderlo todo). ¡Vaciar pantanos¡En un país que ha tenido históricamente dos obsesiones: construirlos y llenarlos. Definitivamente, a Sánchez el precio de la luz le ha emborronado el lema de la operación septiembre: “Una recuperación justa”. Un deseo encomiable pero imposible mientras las familias tengan que dedicar una cantidad sustanciosa del sueldo a pagar la luz o tengan que hacer una gimkana para poner la lavadora. Esta crisis suelta, además, otros chispazos. El PSOE tiene que gestionar la posición de sus socios de Unidas Podemos, con quien firmó un acuerdo de Gobierno para bajar el precio de la luz introduciendo cambios legales para finiquitar el exceso de retribución. De entrada, la ministra Teresa Ribera se opone a la propuesta de sus socios, fijar el precio de la energía nuclear y limitar el de la hidroeléctrica, mientras que UP ha registrado una proposición de ley para crear una empresa pública. Con el megavatio a 140 euros, el gobierno necesita un acuerdo interno urgente y una toma de tierra. Llega el largo invierno. Y esto tiene más de Napoleón que de Juego de Tronos.

¿Madrid como problema?

Los temas se dan codazos por el prime time. Hasta hace unas semanas el asunto de los equilibrios fiscales entre comunidades era uno de los asuntos más pugnaces. Es un asunto clave para la arquitectura del Estado. Bien resuelto puede ayudar a cimentar la estructura territorial, mal abordado es veneno. Pero como todos los asuntos complejos requiere finura.

El asunto es que Madrid, con sus gobiernos abonados al populismo desde Esperanza Aguirre (escuela populista-liberal) e intensificado con Isabel Díaz Ayuso (escuela populista-liberal como más de barrio y verbena), ha optado por dos discursos que, indiscutiblemente, le dan votos: la libertad y la eliminación de impuestos. Sobre la idea de la libertad del PP de Madrid, manipulada ad nauseam, ya lo saben todo. Sobre los impuestos, tras eliminar los de patrimonio, sucesiones y donaciones, Ayuso acaba de anunciar con banda de música la retirada de los impuestos propios, cuya recaudación supuso 3,4 millones en 2020, que representa 0,7 euros por habitantes.Una osadía política, un gran hallazgo contable. Mientras,el PP critica que la subida del salario mínimo hasta en 31 euros en dos años es “un parche” que perjudica “a todos los ciudadanos”. En las escuelas no se enseña coherencia, no.

El asunto es que Madrid se puede permitir el dumping fiscal por el efecto capitalidad, que genera una sobrefinanciación relevante. Según datos de la Agencia Tributaria, Madrid dejó de ingresar 6.000 millones de euros entre 2011 y 2018 por las bonificaciones fiscales a los patrimonios superiores a 30 millones de euros, dos tercios de los cuales residen en esta comunidad. XimoPuig, presidente de Valencia, ha abierto el debate planteando revisar la baja fiscalidad de que disfrutan las rentas más altas madrileñas y la posibilidad de compensar económicamente al resto de comunidades, y el ministroEscrivá, anótese, le hizo ojitos. Es la llamada armonización fiscal que tiene sobre la mesa la comisión de expertos nombrada por el Ministerio de Hacienda, cuya ministra, María Jesús Montero, ya ha descartado la creación de un nuevo impuesto con tal fin.

El asunto de los equilibrios internos en España, con la crisis catalana sin resolver y es posible que sin solución, es clave. Mueve a la risa que haya expertos acreditados que cuarenta años después sigan diciendo que fue un error que Andalucía abriera el acceso pleno a la autonomía por el 151. Deben pensar, ilusos, que una España de dos velocidades habría durado mucho tiempo. Por otros motivos y procedimientos, pero estamos en un escenario similar. Una cosa es la diversidad y otra los privilegios. Si todos somos iguales será mejor que unos no sean más iguales que otros. Hay que cambiar el discurso, cierto, de que Madrid ya practica la solidaridad con el resto de territorios y probar a equilibrar las fuentes de ingresos concediéndole oportunidades a otras comunidades para practicar recíprocamente la solidaridad interterritorial. Seguro que estarían encantadas. Dicho eso, hay dos cosas urgentes que hacer: evitar un enfrentamiento entre territorios y acabar con las ineficiencias y la duplicidad competencial. España es seguramente el país del mundo que tiene mejores informes en los cajones. Todo está escrito. E ignorado.

Las plataformas de la España vacía, Teruel también existe y demás han vuelto a criticar las nuevas inversiones en el Prat y el Aeropuerto Adolfo Suárez. Dicen que esjusto lo contrario a equilibrar los territorios. En España sigue habiendo demasiadas carreteras sin desdoblar, con elevadas tasas de accidentes mortales, territorios sin líneas de tren y un largo etcétera de desigualdades. Tras Teruel existe se anunciarán nuevas plataformas y movimientospolíticos. Igual la definitiva disgregación del sistema departidos mayoritarios termina llegando por ahí, por la vía de la frustración de los olvidados. El neocentralismopuede resultar más dañino que el centralismo. Pero ojo también con la madrileñofobia. Igual no se ve bien desde Madrid, pero hay una España muy muy harta.

1 CGJP: mil días en funciones

Cuando el contrapeso se convierte en veto, como escribe Daniel Innerarity, la oposición no cumple con su obligación. Renovar el CGJP con las reglas constitucionales no debería formar parte de la perezosa diatriba partidista. El PP se ha empeñado en bloquear su renovación así como la de cuatro magistrados del TC, el defensor del pueblo y el Tribunal de Cuentas. Vendrántiempos mejores para poner a los nuestros, pensará Pablo Casado, quien empieza la temporada buscando nuevo tono. Pero los primeros acontecimientos ya han truncado el propósito.

2 Afganistán: volver a empezar

Afganistán es un país al que España fue en 2001 integrado en la Fuerza Internacional autorizada por la ONU. Aquienes cuestionaron la oportunidad, la misión y las posibilidades de éxito, tanto aquí como en EEUU, los llamaron radicales. Durante la permanencia de nuestras tropas allí nos hemos movido surfeando los titulares (27.000 militares desplazados, 102 muertos, 4.000 millones invertidos) sin comprender gran cosa, tal esdéficit del debate político y mediático español sobrepolítica internacional. Cuando Zapatero anunció en 2012 nuestra retirada progresiva no ocurrió gran cosa. Ahora, cuando los EEUU tomaron las de Villadiego, los que no querían que hubieran ido tampoco querían que se marcharan. Pero tampoco se conmovió el mundo hasta que esa fuerza global ya consolidada que es el nuevo feminismo hizo entender a la humanidad lo que le iba a ocurrir a las afganas en manos del taliban. Hemos ejecutado una retirada estupenda, aplaudida por la comunidad internacional. Parece paradójico. Y así hasta la próxima invasión.

3 Comer carne cruda

Adriana Lastra ha dejado de ser portavoz parlamentariadel PSOE. Igual que Ábalos o Iván Redondo, solo por citar a los que iban con el presidente en un taxi cuando era un aspirante maltratado por la superestructura. Sánchez es el condottiero de Maquiavelo que representa “la voluntad colectiva”. Caput Lastra, su más leal colaboradora. Sin duda la legislatura que comienza parece otra. Si la idea erasoltar “lastre” y airear el espacio eliminando a quienes han protagonizado la pugna política durante el covid, objetivo conseguido. Pero empieza a haber algo patológico en eso de no dejar títere con cabeza entre los más cercanos.

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