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Análisis

Rogelio Velasco

Catedrático de Economía

Viejos y nuevos mercados

La digitalización ha inundado y se ha extendido completamente por toda la economía y ha facilitado la extensión de las nuevas tecnologías en la sociedad

Viejos y nuevos mercados

Viejos y nuevos mercados

DE un escenario inicial en donde la digitalización se generaba desde el lado de la oferta de la economía, se ha pasado a otro en el que se ha extendido con extraordinaria intensidad desde el lado de la demanda. En la actualidad, tanto empresas productoras de servicios digitales como usuarios individuales están extendiendo a un extraordinario ritmo el uso de esas nuevas tecnologías. 

La creación de nuevas empresas y actividades económicas, se está desplazando cada vez más hacia tareas vinculadas al procesamiento y manejo de información y la prestación de servicios. 

El desarrollo y la aplicación de la Inteligencia Artificial (IA) promete impulsar a un ritmo aún más rápido la digitalización. 

Han sido las plataformas BigTech (Google, Amazon, Microsoft, Meta, Apple), las que han extendido a un ritmo acelerado la digitalización de la economía, generando ganancias de eficiencia y aumentando el tamaño del mercado a un ritmo no visto con anterioridad. El mayor tamaño del mercado se debe tanto al lanzamiento de nuevos servicios como a la mayor intensidad de uso de las tecnologías. 

La dinámica de estas plataformas tiende a estimular un tamaño cada vez mayor de las empresas, generando problemas asociados al poder de mercado. Las autoridades de regulación y competencia, fueron creadas justamente para evitar un poder excesivo de las empresas en los mercados en donde operan. 

Los efectos de red y las economías de escala y de alcance contribuyen poderosamente a crear mercados oligopolísticos, en donde un número muy reducido de empresas ejercen un enorme poder sobre las actividades económicas. El buscador de Google controla más del 90% en la mayoría de los mercados en donde opera. 

No obstante, los reguladores han aprendido de la Historia. El poder oligopolístico de IBM, fue analizado por las autoridades de la competencia de EEUU durante la década de los ochenta y noventa con el objetivo de saber si, en términos del grado de competencia, tenía sentido romper la compañía en dos o tres entidades independientes. Esta división no se llevó a cabo, afortunadamente, porque la evolución de las tecnologías (más centradas en el software que en el hardware) y de la propia IBM, estuvieron a punto de hacer desaparecer la empresa. Google estuvo también en esa situación, cuando un trabajo encargado por las autoridades de la competencia y realizado en la Universidad de Stanford por el profesor Paul Romer concluyó que partir la empresa en dos o tres entidades independientes tampoco era aconsejable para mejorar el grado de competitividad en el sector de búsquedas. 

Como nos ha mostrado recientemente el profesor Xavier Vives, desde el lado de la oferta productiva, las Interfaces de Programación de Aplicaciones (Api) que llevan muchos años operando en las actividades digitales, los teléfonos inteligentes, el comercio electrónico, la computación en la nube o más recientemente la Inteligencia Artificial (IA), entre otras, han impulsado de manera extraordinaria la digitalización de todas las actividades económicas, viejas y nuevas. Viejas porque adquirir un coche nos sigue reclamando que vayamos a un concesionario y, finalmente, adquirirlo, después de negociar con el vendedor para obtener un descuento, probar el coche y otras actividades. Sin embargo, el acopio de información sobre el coche se facilita notablemente utilizando la información disponible en internet, a diferencia del método tradicional de presencia física para todo. 

El premio Nobel Kenneth Arrow, en su muy citado artículo Economic Implications of Learning by Doing observó que los aviones que se fabricaban en las grandes factorías aeronáuticas eran cada vez más baratos y corregían errores en la medida en que se fabricaban más y más aviones, en plena II Guerra Mundial. Aprendían haciendo, pero a un coste muy elevado. En el mundo digital, sin embargo, el aprendizaje es mucho más barato y eficiente. Recoger información, almacenarla, analizarla y usarla, demanda unas tareas que son baratas y que contienen cada vez menos errores. 

La digitalización no solo afecta a las transacciones físicas de bienes y servicios. Obtener información sobre artículos científicos de cualquier materia, era una pesadilla en el mundo no digital hace tres décadas, en donde el uso de documentos en papel era imprescindible para conocer datos e información científica que se publicaba en revistas especializadas. Estas tareas requerían horas de trabajo y nunca estábamos seguros de haber recogido toda la información relevante. Mucho mayor era la pesadilla si se trataba de obtener información cuantitativa que aparecía en publicaciones y revistas. Los datos había que cargarlos en un programa estadístico manualmente. Con frecuencia, los investigadores y los alumnos dedicaban más tiempo a la búsqueda y a la carga de esos datos que al procesamiento de los mismos, a la obtención de resultados y a su análisis. El consumo de tiempo era extraordinario. Adicionalmente, cuando el trabajo científico era compartido con otros investigadores, con frecuencia se duplicaban las tareas. 

La digitalización ha inundado y se ha extendido completamente por toda la economía. Y desde el lado de la demanda, el cambio en el comportamiento de los consumidores –especialmente los más jóvenes– ha facilitado la extensión de las nuevas tecnologías por toda la sociedad. La Covid representó un impulso adicional y sus efectos permanentes sobre los usuarios. 

Negando la visión determinista, uno de los grandes pensadores del Siglo XX, Karl Popper, defendió la idea –frente al punto de vista marxista del materialismo histórico– que el devenir de la Historia dependía de la introducción de nuevas tecnologías en la sociedad –que es un fenómeno aleatorio no determinista– y eran menos deterministas aún las consecuencias de la introducción de esas tecnologías. Los hechos que observamos están dando la razón a Popper. 

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