Votan los vascos... y ETA condicionará su papeleta en las urnas

Tropiezo. La metedura de pata de Otxandiano sobre la banda terrorista puede impedir un Gobierno de Bildu

Pello Otxandiano, candidato de EH-Bildu a las elecciones vascas.
Pello Otxandiano, candidato de EH-Bildu a las elecciones vascas. / Miguel Toña (Efe)

21 de abril 2024 - 06:00

Tenía buen cuidado Bildu en que sus candidatos no mencionaran la palabra ETA. Los sondeos daban a Bildu como vencedor de las elecciones de hoy y la dirección del partido, con Arnaldo Otegi a la cabeza, acariciaban la idea de que en esa situación podrían lograr que Pedro Sánchez estuviera dispuesto a apoyar un Gobierno de Bildu. Con o sin los socialistas dentro, pero con Pello Otxandiano como nuevo lehendakari.

Tenían esa esperanza, creían tocar ya poder, asentarse en Ajuria Enea, pero el propio Pello cometió un error de bulto que dio un giro a la situación. El candidato de Bildu, en el tramo final de la campaña, cuando le preguntaron por ETA, dijo que era un grupo armado, pero se negó a pronunciar la palabra terrorista por mucho que le insistieron en los días siguientes para que aceptara que se trataba de un grupo con un pasado de terror que los vascos, y todos los españoles, conocen muy bien. No los jóvenes, principal caladero de los votos de Bildu, pero sí sus padres y abuelos. Y también jóvenes que se han preocupado por estudiar la historia reciente de su pueblo.

Debió sufrir Otxandiano todo tipo de presiones, porque a dos días del final de la campaña pidió públicamente perdón a las víctimas de ETA... pero no cedió en su empecinamiento, no encontró vinculación entre ETA y el terrorismo. Y lo argumentaba con comentarios de candidato que nunca ha roto un plato, ha dicho una palabra más alta que otra ni ha tenido un mal gesto. Sin embargo, ese no reconocimiento afectó a las expectativas electorales de Bildu: puede ganar las elecciones, pero ya no es tan seguro como la semana pasada que efectivamente consiga el triunfo. Y, si gana, en ningún caso deja al PNV tan atrás como le auguraban la mayoría de las encuestas.

El tropiezo de Otxandiano, que ha provocado además que haya pasado a primer plano Otegi aunque se había mantenido en un prudente silencio al inicio de la campaña, puede dar un vuelco a la situación que se preveía para después de la primera de las tres citas electorales fijadas para antes del verano.

La aparición de Otegi ha obligado a rememorar su trayectoria y la de la banda en la que militó, pertenencia por la que fue condenado a prisión, que cumplió. Pero también se ha recordado su presunta vinculación con un atentado mortal, con la puesta en marcha ahora de un procedimiento judicial para investigar cuál fue su papel y hasta dónde llegan penalmente sus responsabilidades.

La consecuencia inmediata, además de la ya apuntada aparición del historial de ETA en una campaña en la que Bildu pretendía dejar de lado su pasado más negro, ha sido que se han detectado dudas en parte de los indecisos a los que se veía cercanos a Bildu a pesar de su indecisión. Y también se ha percibido que algunos votantes que alardeaban de su apoyo a la coalición abertzale, ahora se les ve menos convencidos desde que han sabido –antes preferían no saber– que efectivamente ETA no fue un movimiento nacionalista que quizá, en ciertas ocasiones, en situaciones límite, se extralimitó y utilizó las armas. Pero siempre, decían, con un fin bueno, la liberación del pueblo vasco a una dictadura franquista-españolista.

No, este final de campaña han podido comprender que ETA fue una banda terrorista que sumó miles de víctimas, entre ellas casi mil mortales. Gran parte de ellas personas absolutamente ajenas a la política, las fuerzas armadas, la policía, jueces y fiscales, a los que ETA tenía en su punto de mira por colaboracionismo con la dictadura del Gobierno español. Víctimas vascas y no vascas.

El nuevo escenario

Ese incipiente rechazo a ETA que se ha advertido en filas de votantes obliga a ver las elecciones con una perspectiva que podría alterar sensiblemente el escenario que preveían la mayoría de los analistas de la actualidad vasca.

Un escenario en el que PNV recibiría un fuerte castigo, debido en gran parte a que ya no se le considera el partido que gestionó con eficacia el País Vasco. Se le ve también actualmente como un partido viejuno, excesivamente endogámico, con un discurso poco claro respecto las relaciones con el Ejecutivo de Pedro Sánchez, y que falla estrepitosamente en un capítulo en el que hasta hace poco era abanderado de buen hacer: la sanidad.

Sin embargo, la aparición de ETA en campaña, y no con su mejor biografía, sino la que trataba de ocultar, la del terrorismo, cala en quienes veían a Bildu como una opción de modernidad, de nuevos horizontes; podrían replantearse su voto e intentar cortar el paso a una formación que justifica el terrorismo. Y volver al voto nacionalista del PNV. Es más, para bloquear a Bildu y que no se haga con Ajuria Enea, ni PSE ni PP descartan que votos con los que contaban se vuelquen hacia el PNV como mal menor ante un posible Gobierno de Bildu presidido por Otxandiano.

La entrada de ETA en campaña ha sido un revulsivo, ha obligado a todos los candidatos y a los dirigentes nacionales a pronunciarse. El socialista Eneko Andueza declaró que ETA "fue un error y horror. Un drama para Euskadi. Y fue terrorismo". Feijóo exigió a Sánchez que rompiera sus pactos con Bildu, y dijo que el PSOE y el PNV eran "una fábrica de votantes del PNV". Declaraciones a tener en cuenta, porque uno de los escenarios futuros que se contemplan es que el PNV se mantenga en el poder a través de un pacto con los socialistas y el PP en el caso de que no fueran suficientes sólo los del PSOE para convertir en lehendakari al socialista Imanol Pradales.

El propio Sánchez, su vicepresidenta Montero y el candidato a la Generalitat, Salvador Illa –al que importa mucho el resultado vasco, pues tendría incidencia en el voto catalán– han arremetido contra ETA, conscientes de que sus pactos con Bildu afectan seriamente al candidato socialista vasco, igual que al voto socialista en toda España. Montero intentó explicarlo señalando que gracias a esos pactos con Bildu el Gobierno había aprobado importantes medidas sociales. Pero no cuela. O cuela poco. Por eso se advierte nerviosismo en la familia socialista por el debate sobre ETA que ha provocado Otxandiano en los últimos días de la campaña vasca.

Bildu, en cambio, no se inmuta ante ese debate. Está acostumbrado a ser calificado como el partido que tiene su origen en ETA. Porque lo es.

Encara estas elecciones con optimismo, porque nunca se ha encontrado en mejores condiciones ante las urnas. Nunca. Cuenta con que la polémica sobre ETA le puede restar votos con los que contaba y que se le podrían ir al PNV o al PSE para impedir un Ejecutivo abertzale, pero en cambio confía en contar con nuevos votantes de izquierda que se inclinarán por el voto útil y abandonarán a Podemos o Sumar para coger la papeleta de Bildu.

Faltan horas para saber el resultado de estos comicios decisivos para el PNV y para el PSOE. También para Bildu, porque no conseguir la lehendakaritza, cuando casi la alcanza con la mano, podría ser frustrante. Pero tienen motivo de satisfacción: nunca, ni en sus mejores sueños, pensaron que se encontrarían, gracias a Pedro Sánchez, en condiciones de ganar en el País Vasco. Lo que se puede traducir en que su apoyo a Sánchez seguirá siendo incondicional. A no ser que gobiernen en Euskadi: entonces exigirán mucho más que ahora. Porque serán más fuertes.

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