Análisis

juan antonio solís

En la ciudad de la alegría

El mago Setién se disipó entre tinieblas; Caparrós puede acabar el sábado más Jokin que Joaquín

En Sevilla reverbera el sonido de la alegría como en contados rincones, quizás por ello el contrapunto de la tristeza también cae con un silencio espeso, viscoso. Con lo ilusionados que todos nos deseamos un feliz año, cuando el Sevilla detentaba una plaza de Champions que se antojaba segura y el Betis, el mismo que asombró en San Siro y el Camp Nou, se postulaba incluso para discutirle esa posición de privilegio al vecino...

Hasta la expansiva sonrisa de Joaquín, torso desnudo tras su segundo golazo en la tórrida tarde de ayer, contenía un poso amargo que anulaba cualquier retrogusto dulce. Esa bellísima acción fue como anudar con una cinta de la seda más cara una caja vacía. Porque el mago Setién, a fin de cuentas, se ha disipado como humo en las tinieblas. Haro, Catalán y Serra apostaron todas las monedas de esta temporada, y más, movidos por el fútbol guapo del demiurgo y ahora se debaten entre mirar a las cuentas o apaciguar a un público, el heliopolitano, que ha roto en levantisco.

La jocosa Sevilla, toda ella, se va a quedar fuera de la fiesta de la Liga. Y para más inri, le van a montar en su casa otra fiesta copera el sábado 25 de mayo para disfrute de barcelonistas y valencianistas.

Lo único que evitaría la desafinada balada sevillana del próximo sábado sería que el Getafe y el Valencia emulen al lánguido equipo de Nervión y se tiren al callejón ante dos toros, Villarreal y Valladolid, ya amansados y hasta desmochados por la salvación. Pero no parece que las escuadras de Bordalás y Marcelino perpetren lo que los sevillistas, por ejemplo, en la casa de los dos temblorosos equipos que se van a jugar la permanencia, el Celta y el Girona.

En el epílogo en el Pizjuán, parece que Caparrós no va a disfrutar de las mieles de hace un año ante el Alavés. Hasta corre el peligro de salir del estadio más Jokin que Joaquín. Él mismo se lo ha buscado. Si no sabía torear en los despachos, ¿para qué se metió?

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