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Análisis

joaquín aurioles

La economía andaluza en cuarentena

El Covid-19 se lo está poniendo especialmente difícil a los estadísticos y a los analistas que se dedican a hacer pronósticos de la economía en el corto plazo. La demanda de información les desborda, pero sobre todo la quiebra de las inercias que hasta ahora les permitían sobrevivir limitándose a estudiar desviaciones sobre las tendencias. Cada cierto tiempo se acometen estudios de base, amplios y complejos, que ofrecen una imagen estática y detallada (estructural) de la realidad y de aquellos elementos que determinan la dinámica del conjunto. El seguimiento sistemático de estos en el corto plazo permite un análisis relativamente cómodo de la coyuntura, pero cuando las estructuras se vienen debajo de forma repentina, todo el armazón para el estudio de la coyuntural se desploma y, con ello, también los apoyos para las previsiones.

En este contexto de incertidumbre, el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía presentó la caótica imagen de la economía andaluza del segundo trimestre de 2020, con una caída del 20,7% del PIB respecto del mismo trimestre de 2019. Se hundieron el consumo (24,3%) y la inversión (27,3%), pero también las exportaciones cayeron más (37,7%) que las importaciones (31,7%), por lo que, en esta ocasión, tanto la demanda interna como la externa han contribuido negativamente al crecimiento de la economía (19,3% y 1,4%, respectivamente).

La pandemia se lleva por delante la positiva contribución del sector exterior al crecimiento que se venía registrando desde el primer trimestre de 2019. También ocurrió entre 2014 y 2017, cuando el sector exportador se convirtió, junto al turismo, en el principal apoyo a la recuperación de la economía, tras la crisis de 2008. En ambos periodos se pudo comprobar que no existía ninguna maldición bíblica tras el endémico déficit comercial andaluz de tiempos pasados y que, no sólo se podía transformar en superávit, sino también en uno de los pilares fundamentales del nuevo modelo productivo que se anda buscando y cuyas claves son, según la Junta, la innovación, la competitividad y la internacionalización.

Desde la perspectiva de la oferta, el único dato positivo corresponde al sector primario, que creció un 2,8%. La industria (-22%) y la construcción (-26,9%) también han sido víctimas de la pandemia, mientras que en los servicios hay de todo. Algunos sometidos a fuertes tensiones por la crisis, como la banca y los seguros o las administraciones públicas, incluidas la sanidad y la educación en su conjunto, también crecen, pero otros se han hundido estrepitosamente (comercio, transporte y hostelería, 48%, industria del ocio, 40,6%, y profesionales independientes, 35,8%).

La perspectiva de las rentas permite observar cómo se reparte el crecimiento entre salarios y excedentes empresariales (beneficios y rentas de los autónomos). Ambos caen, pero en esta ocasión la mayor contracción corresponde a los excedentes (22%, frente al 14,1% de los salarios). Una posible explicación es el impacto de confinamiento sobre la actividad de los autónomos, pero también el efecto protector de los ERTE sobre el empleo, aunque conviene no olvidar su carácter paliativo y temporal.

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