Análisis

pilar larrondo

El futuro, una ilusión

Selectividad. Recuerdo los días previos como si fuera ayer. Nervios, inquietud, pereza y ganas de verano. Todos mis conocimientos académicos -la universidad de la calle no me valía para nada- pasaban a evaluarse en seis exámenes de cuyos resultados dependía mi futuro. Todo a una carta. Tenía tan claro que mi futuro estaba vinculado al periodismo, que poco me preocupé de superar la nota de corte. Pero eso de pensar en el futuro se me antojaba aterrador. Imagino que igual que al resto de mis compañeros y que los jóvenes que en unos días se jugarán su futuro en la antigua Selectividad y la actual PAU (lo que nos gusta cambiarle el nombre a todo).

Ajenos a lo que se les viene encima y despreocupados de la vida -qué preocupación puedes tener con 18 primaveras-, llevan escuchando el mismo discurso manido desde que empezaron primero de Bachillerato. Profesores y padres -cargados de años y experiencia- les han recordado hasta la saciedad que de sus resultados académicos depende su día de mañana. Que las altas calificaciones amplían el abanico de posibilidades, que un buen expediente abre muchas puertas y que mejor ser médico que filólogo. Ante tales consejos, los preuniversitarios se sumen en un estado de ansiedad del que no salen hasta que por fin tienen los resultados de Selectividad.

No resulta extraño observar en los aledaños de las bibliotecas a pequeñas mentes pensantes con aspecto de náufragos y Red Bull en mano. Tampoco es raro que en las farmacias aumente el número de ventas de ansiolíticos. La ansiedad y el estrés al que se someten estos estudiantes los deja casi para internarlos. Pero años después recapacitan y descubren que no era para tanto. Que el futuro no depende de una nota y que las decisiones que se toman con 18 años no determinan qué será de ti dentro de 20. La vida da vueltas, las opiniones cambian y el futuro jamás está escrito, es una mezcla de decisiones y casualidades lo que te lleva a un momento y a un lugar. Por eso no hay que temerle a Selectividad, ni siquiera a la carrera. Sólo hay que sentirse realizado tras salir de la prueba y disfrutar como si fueran los últimos los años que dure el periodo universitario. Una vez que concluyan, el futuro que te pintaron si sacabas buenas notas será sólo una ilusión.

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