Cuando la primera fotoperiodista española, Joana Biarnés, 82 años cumplidos repletos de lucidez y energía, se sentó a departir con Andreu Buenafuente acerca de sus anécdotas con los Beatles, Salvador Dalí y Roman Polanski, sucedió lo que tenía que suceder: la televisión mostró su cara más amable, el tiempo quedó en suspenso, y aquello supo a poco.

Por eso el presentador, medio en broma medio en serio, sacó su agenda personal para anotar oficialmente el nombre de la fotógrafa como uno de los primeros que formarían parte en su nuevo programa Estaría una hora hablando contigo. Un formato, dijo, del que todavía no saben nada los de Movistar, pero que el de Reus está pergeñando con la ilusión de un niño.

Me acusarán de cansino por abundar demasiadas veces en mis temas preferidos. Pero es que si nos ponemos a rascar en la televisión actual, los hallazgos, la originalidad y las apuestas por las que realmente merece la pena luchar son habas contadas. La escenografía del Late Motiv número 404, con motivo de la visita de Biarnés, fue prodigiosa, con un plató reconvertido en sala de exposiciones de fotos de enormes dimensiones a cual más icónica.

Biarnés tuvo en su día su Imprescindibles en La 2. Y ahora, sus diez minutos con Andreu. En medio, la nada. Cuando en el término medio debería estar la virtud. En esa televisión que sin llegar a la excelencia continua, por lo menos fuese capaz de entretenernos y sacarnos una sonrisa sin avergonzarnos.

Por cierto, como bien dijo Buenafuente al despedirse del colaborador Bob Pop, que los viernes negros en TVE se conviertan en viernes rosas. A tanto no llegarán, pero sin duda que se avecinan tiempos de cambio en Prado del Rey y Torrespaña. Eso esperamos. Aunque Bob no llegue a ser el presidente de la corporación pública, cargo para el que se postuló con su gracia de siempre.

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