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Análisis

Tacho Rufino

La 'huelga general' tras el virus

La llamada 'Gran Renuncia' que se produce en Estados Unidos debe apelarnos a replantear las relaciones laboralesEn el 'primer mundo', millones de personas deciden no volver a sus antiguos trabajos

Hace casi sesenta años, Bob Dylan escribió un monumental poema para ser cantado, The Times They Are a-Changin. Los tiempos estaban cambiando entonces, pero, ¿cuándo no lo han estado? Ya metidos de lleno en el primer cuarto del XXI, el ataque sistémico de un virus ha obrado cambios de los tiempos, de forma radical, es decir, de raíz; de una forma sobrevenida y de repente acelerada, que parece estar mutando el estado de circunstancias entre las personas y sus formas de relacionarse, particularmente en trabajo, aunque no sólo. Aquella canción surgió en Estados Unidos -origen y motor de tanta historia nuestra-, y ahora resurge su lema con otra apariencia, pero con una esencia no muy distinta del aviso de ruptura que el gran vate de la música popular -Dylan- nos lanzaba en estrofas desafiantes, entonces encuadradas en el concepto de canción protesta; bella expresión algo caduca, pero en el fondo vigente. La gente protesta, lo sigue haciendo. Que lo que suceda en la gran metrópolis USA vaya a acabar por reproducirse en otros sitios de un planeta cada día más pequeño es algo que cabe esperar. Tarde o temprano.

La expresión The Great Resignation -la Gran Renuncia- se ha acuñado en Estados Unidos para ilustrar un fenómeno sorprendente: millones de personas han renunciado a volver a sus trabajos tras el confinamiento impuesto por causa de la pandemia aún en curso, la del Covid-19 y sus hidras mutantes. En un sorpresivo descoloque para los demandantes de mano de obra, las empresas de ciertos sectores han asistido a una escasez de dicho factor económico (los oferentes del mercado laboral son los trabajadores y profesionales dispuestos a aceptar los puestos de trabajo). La insuficiente protección pública ante el embate vírico, junto con un aumento del coste de la vida que no ha tenido un aumento salarial paralelo han provocado una especie de 'huelga general' en no pocos sectores de actividad. Dicen los malvados que los economistas sólo hablamos de oferta y demanda, y de ese encuentro del mercado hacemos todas las albóndigas explicativas de las cosas que pasan. Pero es la verdad: el ajuste entre ambas magnitudes es dialéctico, dar y tomar. Y es filosófico: la Teoría Económica no deja de ser eso, filosófica, o sea, una ciencia pragmática sobre el discernimiento sobre las causas y efectos de las cosas. De la realidad.

La economía trata sobre la escasez. Muchas personas, millones, deciden en el primer mundo no volver a trabajar en sus menesteres habituales. Así, la fuerza de trabajo se convierte en escasa, y teóricamente más cara. Si no se paga mejor lo que es escaso, el desajuste entre oferta y demanda está servido. Resulta evidente que esa masa laboral decide renunciar porque tiene mejores alternativas... o menos malas. Lo que llamamos empoderamiento está en la base de ese desencuentro entre quienes ofrecen un salario por algo y quienes aceptan ese salario por realizar ese algo. No queda sino aceptar, e incluso congratularse, por que las relaciones laborales transiten a un nuevo esquema de oferta y demanda, de empleados y empleadores, donde ajusten sus intereses. Los tiempos están cambiando, como siempre.

Claro que, por suerte o por desgracia o por pura lógica ecológica, no todo es igual en todo el mundo ni entre todas las personas, ni trasladable de forma automática desde allí a acá. El proceso de esta Gran Renuncia debe ser considerado como una alerta para las empresas, y como una exigencia a los gobernantes para la tutela pública del devenir económico, tan biológico. Puede resultar naif apelar a la justicia social, pero esperemos que la Gran Renuncia que aquí comentamos -"ya no trabajo más así"- pueda producir un trasvase de poder entre quienes creen tener la sartén por el mango y quienes son ingredientes de su guiso.

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