Crónica Personal

La izquierda desbaratada

Preocupación. Aunque se esperaba el divorcio las dos líneas que lo anunciaban provocó conmoción

La izquierda desbaratada

La izquierda desbaratada / Eduardo Parra / Europa Press

EN Sumar se duelen de que se enteraron por los medios de comunicación de la decisión de Podemos de romper con Sumar y pasar en el Congreso al grupo Mixto. La exclusiva de la noticia la dio RED, el canal de televisión que emite por internet y TDT y dirige Pablo Iglesias, así que se trataba de una exclusiva creada por él mismo. A los pocos minutos había llegado a toda España.

Aunque se esperaba el divorcio –la brecha entre Podemos y Sumar se agrandaba día a día– las dos líneas que lo anunciaban provocó auténtica conmoción y Yolanda Díaz no ocultó su preocupación, según contaban algunos de sus colaboradores del ministerio de Trabajo. Sin embargo, fue ella la responsable de la ruptura. Su obsesión por demostrar que llevaba las riendas de Sumar, más los celos ante el protagonismo de Irene Montero, que ella misma no acaba de aprender cómo funciona el juego político, y porque es incapaz de demostrar lealtad a quienes más le han ayudado en su carrera política y los acaba traicionando, Yolanda Díaz sobrepasó todos los límites que Podemos, y sobre todo Pablo Iglesias, el penúltimo traicionado, estaba dispuesto a tolerar. Y se produjo la ruptura.

La causa la conoce cualquiera que haya seguido la trayectoria de Díaz una vez que consigue escaño en el Congreso gracias a Pablo Iglesias.

Cuando Iglesias deja la vicepresidencia del Gobierno para presentar su candidatura al Gobierno de Madrid y recibe un castigo descomunal en las urnas, anuncia que deja la política –no era cierto, manda en Podemos desde la trastienda– y designa a Yolanda Díaz como sustituta en la vicepresidencia segunda del Gobierno de Pedro Sánchez. La designa también candidata de Podemos a La Moncloa si logra la aprobación previa del partido.

Desde entonces, Yolanda Díaz tiene entre ceja y ceja a Montero, ministra de Igualdad y mujer de Pablo Iglesias, y a Ione Belarra, ministra de Asuntos Sociales. Es el principio de todo lo malo que ocurre después, que ha conducido al divorcio.

El proceso: alejamiento de Díaz con las dos ministras de Podemos y puesta en marcha del proyecto Sumar en el que supuestamente Podemos iba a ser el partido más fuerte; sin embargo se diluye ante el evidente interés de Yolanda Díaz de ningunearlo y volcarse con En Común, Más País, y Compromis como favoritos. Hay incomodidad en IU y el ministro de Consumo y coordinador de IU, Alberto Garzón, anuncia que abandonará la política al finalizar la legislatura.

Sumar engloba a 15 partidos que se presentarán a las elecciones bajo esas siglas, pero tras los malos resultados de la izquierda en las municipales y autonómicas de mayo, empiezan los problemas. Al adelantarse las elecciones las generales al mes de julio, la lucha por colarse en las listas al Congreso de los Diputados es a muerte.

PERSECUCIÓN A PODEMOS

Yolanda pone el veto a Montero, no tendrá sitio en las listas. Tampoco ninguna de sus principales colaboradoras en el ministerio. Se respeta a Ione Belarra porque es la dirigente máxima de Podemos y a Lilith Verstrynge, pero se deja de lado a la mayoría de sus compañeros.

En julio Podemos solo conseguirá cinco escaños porque no contaba con muchos candidatos, pero Sumar no alcanzará los 50 que esperaba, solo 31; menos que Vox, que logra 33. Y menos que la suma de escaños que los 15 partidos habían logrado en las anteriores elecciones generales. A Yolanda Díaz se le ponen las cosas muy difíciles.

En lugar de tender puentes, marca distancias con Errejón, el líder de Más País, no consigue dar protagonismo político a su amiga Ada Colau, que ni siquiera se presenta a las generales; no cuida la relación con Compromís, que había logrado cuatro escaños, e inicia un desapego hacia Podemos que augura malos tiempos. Esa actitud no potencia la imagen de Yolanda como líder, sino al contrario. Todo el mundo sabe hasta qué punto debe su carrera a Pablo Iglesias y a Irene Montero, la pareja que la lanzó políticamente en Madrid y en España, y sin embargo está actuando de forma demoledora contra su antigua amiga.Sánchez no parece que se lo agradezca. No le consulta sobre las decisiones más importantes del Gobierno. Yolanda Díaz se entera por los medios de comunicación de su estrategia para aprobar ley de amnistía o incluso para fijar la fecha del debate de investidura en función la marcha de sus negociaciones con los independentistas catalanes. Eso sí, no le pone problemas a los nombres de ministros que le presenta Yolanda Díaz, cumple con su compromiso de aceptar lo que Podemos le proponga.

Mientras, se niega a aceptar los requerimientos de Belarra para que incluya a Montero en la lista de ministros; tampoco ofrece ninguna portavocía en el Congreso, ni siquiera en las comisiones parlamentarias, a ningún miembros de Podemos, ni tampoco presidencias de comisiones. Como si no existieran. Es entonces cuando Iglesias, sin consultar la opinión de los militantes como es habitual, anuncia a través de RED el fait accompli, el hecho consumado: Podemos rompe con Sumar, formará grupo propio en el grupo Mixto del Congreso. Tendrá la voz que Sumar le niega, intervendrá en las sesiones de control al Gobierno, en los plenos y en las comisiones, y votará en función de lo que decida Podemos, no Sumar. Una auténtica convulsión que pone además en el espejo a un Sumar desbaratado.

LA FRACTURA

Porque la decisión de Iglesias-Montero-Belarra tiene consecuencias que van más allá de una ruptura.La primera, que Sánchez tendrá que negociar con Podemos cada proyecto de ley, porque sin sus votos no logrará la mayoría suficiente. Al presidente lo que más le preocupa en este momento es la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y, aunque en Moncloa cuentan con el apoyo de Podemos, que así se lo ha comunicado, habrá que ver si efectivamente ese apoyo es real… y si exige contraprestaciones.

Por otra parte las cosas se mueven también en Podemos, donde se han producido crisis y rupturas en varias regiones, la última en Madrid; en los próximos días podrían anunciarse trasvases de diputados, parlamentarios regionales y concejales de Podemos a Sumar. En Podemos sin embargo no se inquietan, están en otra operación, o en otras operaciones: la principal, potenciar sus excelentes relaciones con ERC y con Bildu, lo que preocupa a Moncloa, porque si ya está viendo cómo contrarrestar la pérdida de los cinco votos de Podemos, la gobernabilidad sería imposible si dejara de contar con los de ERC o Bildu que, por otra parte, se acercaron a Sánchez a través de Pablo Iglesias, cuando era vicepresidente de su Gobierno.

Se rompe la idea de Yolanda Díaz de una lista conjunta de la izquierda del PSOE en Galicia, donde se celebrarán elecciones la próxima primavera, y por tanto se hace más difícil para los socialistas convertir en presidente de la Xunta a su candidato Xosé Ramón Besteiro, por la dispersión de voto. Y, asunto grave, las elecciones europeas de junio.

Podemos se presentará con lista propia, ajena a la de Sumar, y es posible que logre incluso que esa lista sea compartida con ERC. Son unas elecciones importantes, además de traicioneras, porque al ser de circunscripción única, el resultado suele diferenciarse de las generales. Ha servido de catapulta a varios partidos minoritarios, que tras un buen resultado en las elecciones al parlamento europeo lograron situarse con fuerza en la rampa para hacerse un hueco en la política nacional. Ocurrió con Podemos y también con Vox.

Por otra parte la relación entre Sánchez y Yolanda Díaz no atraviesa su mejor momento. Hablan lo justo y en Moncloa, prueba de que el presidente no está muy satisfecho con la forma de ejercer el liderazgo de Sumar. Compromis podría exigir en cualquier momento tener voz propia, Izquierda Unida apenas tiene papel, Más Madrid no se moverá porque ha situado a Mónica García en el ministerio de Sanidad pero Errejón no está contento… y Podemos acaba de romper con Sumar.

El balance es inquietante para una Yolanda Díaz que aspiraba a ser la primera mujer en llegar a la presidencia del Gobierno.

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