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Análisis

Gumersindo Ruiz

El libro de los amigos europeos

Entre las combinaciones para formar Gobierno ha salido adelante en Alemania la que se conoce como semáforo, por los tres colores, rojo, naranja, verde, de los partidos que la forman. El canciller socialdemócrata Scholz, que sucede a Merkel -quien gobernaba con un presidente no ejecutivo socialista-, era hasta ahora su ministro de Finanzas, ministerio que pasa al partido naranja, siendo el de Economía para el verde. Este Gobierno no tendrá más ni menos conflictos que el anterior, que dependerán de las crisis de pandemia o inmigración, y llegarán a acuerdos sobre temas medioambientales, energía, salud, impuestos y deuda pública. Ya se han mostrado unidos en la política exterior ante Rusia y China, y derechos civiles, en línea con su coincidencia progresista moderada, lanzando un mensaje de modernización y optimismo en un ambiente que ya resultaba cansinamente conservador. "Una autoridad animosa es la mayor necesidad de un estado", dice Goethe.

Hoy no es extraño que gobierne una opción que no ha elegido el 75% de los votantes, e incluso un partido que no ha sido el más votado, como ocurre en algunas de nuestras comunidades autónomas y ayuntamientos. En España es muy difícil gobernar pues prácticamente todos los asuntos se polarizan, desde el problema catalán hasta la vivienda, los temas laborales, la deuda pública o los impuestos, añadiendo la posición encontrada de las autonomías, y por no hablar de temas sociales de género, o medidas frente a la pandemia, que pese a aprobarlas no un Gobierno sino un parlamento, van una detrás de otra a tribunales con una débil legitimidad. Por eso es tan importante encontrar puntos de encuentro con otros gobiernos europeos.

Va a hacer cien años que Hugo von Hofmannsthal publicó El libro de los amigos, con lo más secreto y profundo del ser alemán en su visión universal y europea, y muy unida a España, como pone de relieve Irene Pacheco de la Universidad de Santiago, en su precioso trabajo: La voz alemana de Calderón, cuya obra -dice el traductor Miguel Ángel Vega- representada tanto en oscuros mercados como bajo los luminosos candelabros de los salones aristócratas germanos, llevaba la cosmovisión, vivencias, ideas y sentimientos, con las que se fue construyendo el edificio espiritual europeo. En realidad, lo que necesitaba y deseaba Alemania era la libertad de su propia literatura romántica, frente a la rígida imposición del neoclasicismo, y encontró una referencia en Calderón de la Barca.

Como ha ocurrido en Alemania y otros países europeos, tenemos que adaptarnos a gobiernos de coalición imprevisibles que representan tanto un posibilismo político como los amores y odios propios que marcan las relaciones entre personas. Sobre la afinidad en la discusión política dice Hofmannsthal que al igual que los besos y los abrazos, en el intercambio de pensamientos hay una comunicación donde lo que importa no está en recibir algo, sino a alguien. Contando con que el nuevo Gobierno alemán va a sostener los pilares sobre los que se asienta Europa, ojalá que la comunicación siga siendo la clave que marque las relaciones entre los pueblos europeos, ante tantas amenazas claras que sufre el mundo y las conocidas desconocidas que acechan.

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