El ministro Illa, al servicio del candidato Illa y otros enredos

Diez negritas Diez negritas

Diez negritas

Toca quedarse sin toque de queda

1. Juanma Moreno: “O gestiona el Gobierno de la nación la crisis de la pandemia o lo gestiona la Junta de Andalucía Yo lo que pido es tener todos los instrumentos a nuestro alcance para poder definitivamente limitar el contagio en Andalucía y salvar vidas, que es el único objetivo que tenemos. No queremos confrontación, ningún tipo de problema, simplemente queremos limitar evidentemente el contagio... Las grandes medidas ya están adoptadas. La que nos queda es el toque de queda para limitar la movilidad lo más posible, lo antes posible, y lo más intensamente posible”.

2. Ximo Puig: “No compartimos la decisión del Gobierno... todo lo que sea la restricción de movilidad es muy importante en este momento clave de la pandemia”.

3. Salvador Illa: El gobierno va a seguir trabajando... con el abanico de medidas que hay se ha conseguido derrota una ola, y les reitero mi convencimiento de que esta tercera ola la derrotamos otra vez”.

¿Por qué negarse al toque de queda? Esa es la cuestión: ¿por qué? En principio, parece incomprensible que el Gobierno delegue la gestión de la pandemia en las comunidades y a la vez no permita a las comunidades gestionar la pandemia... y sin embargo hay alguna hipótesis verosímil más allá de ahorrarse el engorroso trámite parlamentario. Se diría que Moncloa ha hecho un cálculo: si ahora se adelanta el toque de queda, no habría elecciones en Cataluña, como acaba de confirmar el TSJC, de modo que se frustraría el Efecto Illa. Todo apunta a que el Gobierno antepone el interés partidista para salvar las elecciones catalanas. Y por eso el candidato Illa hace que el ministro Illa sostenga sin inmutarse, como también Simón en su rol de portavoz gubernamental, que las actuales medidas han derrotado una segunda ola que nunca se ha llegado a derrotar.

¿Y las comunidades que insisten en que se les permita adelantar el toque de queda? Cabe pensar que los indepes se sumen para impedir las elecciones del 14-F ahora que en las encuestas pintan bastos, pero no Puig o Barbón, como tampoco Feijóo o Moreno... Es algo que reclaman comunidades del PP, del PSOE o nacionalistas. Y, por tanto, la cogobernanza resulta un fraude. Por supuesto también se ha dado una escasa lealtad de las comunidades en la primera ola, pero ciertamente el Gobierno no puede actuar como el perro del hortelano: o dirige o deja dirigir a los demás. Si además actúa así por intereses electorales partidistas, se cruzan demasiadas líneas rojas. Igea (Ciudadanos) lo resumía en tres palabras: “Voy a intentar ser comedido: es una decisión desleal, autoritaria e irresponsable”.

...entre la inquietud de Susana Díaz

4. Susana Díaz: “Moreno Bonilla tiene herramientas para gestionar con solvencia y rigor la tercera ola de Covid 19. Pero, en lugar de exprimirlas y buscar el interés general, ha preferido confrontar con el Gobierno de España. No puede poner Andalucía al servicio de Casado”.

La tesis de Susana Díaz –como la de Toni Valero defendiendo que Juanma Moreno “nos pone a mirar el dedo para que no veamos la luna”– tiene una debilidad sustancial: ¿Ximo Puig también pretende confrontar con el Gobierno de su partido? ¿Y Barbón? ¿Y Page? Es más, cuando Díaz Pacheco señala que la curva andaluza es atribuible directamente a la gestión de Moreno, ¿también en Extremadura, con el doble de incidencia y los peores datos del país, como antes le sucedió a Navarra, La Rioja o Aragón, tres comunidades bajo presidencia socialista? ¿O allí era otra cosa? Hay mucho que cuestionar de la gestión de la pandemia en Andalucía –y esta semana lo hizo con elegante ironía Inmaculada Nieto, ahora mismo la voz más consistente en la crítica de la izquierda– pero el argumento de la confrontación, mientras muchas comunidades del PSOE reclaman lo mismo, se deshace.

No parece, de hecho, que a Susana Díaz le esté funcionando ese discurso de sanchista irredenta. Ayer el gran jefe volvió a elogiar la generosidad de Iceta al apartarse y dar paso a un relevo: “Puso al país por delante del interés personal”. ¿Mensaje para Díaz? Los críticos entienden que la resistencia de ésta retrasará el éxito del relevo; y ahí encaja otro mensaje de Sánchez a continuación: “cuando ha llegado la hora, se puede aplazar el cambio pero no se puede impedir el cambio”. Susana Díaz quizá debería considerar que si logra imponerse, será porque persuada a la militancia de que es la mejor para competir contra Moreno. Y su nerviosismo, demasiado evidente, demasiado epidérmico, no ayuda a eso.

Quién entiende lo de Sierra Nevada

5. José Fiscal:“Mi hijo estudia en Granada. Resulta que no puedo ir a verlo, pero sí puedo quedar con él para esquiar en Sierra Nevada. Esto es un disparate sin paliativos”.

6. Martina Velarde: Si tienes dinero, Moreno Bonilla te deja saltarte los cierres perimetrales. Son clasistas hasta para controlar el virus”.

Cuando una medida política es demasiado difícil de explicar, ya puedes empezar a dudar que sea una buena medida. Y a propósito de Sierra Nevada, parece poco probable que razones como el “forfait on line” apacigüen la perplejidad de muchos, y el cabreo de quienes creen que se beneficia a una empresa por intereses particulares mientras se van a pique miles de negocios. El Gobierno, en todo caso, sólo tenía una opción, y era decir la verdad, una verdad adulta, cosa que no hizo: “sí, es una contradicción incómoda, y entendemos que resulte difícil de aceptar, pero Sierra Nevada es demasiado importante para la economía de Granada y Andalucía”. En definitiva, es posible que la medida pueda ser necesaria, pero desde luego no es coherente; y cuando algo no es coherente, más vale asumir la incoherencia en lugar de intentar inventar una coherencia irreal, porque así acabas tan enredado, y tan en evidencia, como Juan Marín en la Ser.

Nota bene.- ¿De verdad en Podemos creen que se abre Sierra Nevada por clasismo para dar una alegría a los ricos? De momento el mensaje transmite su incapacidad para salir de los clichés paleomarxistas.

Vox se suma a la oposición

7: Alejandro Hernández:Se abre un tiempo nuevo en el que Vox va a estar muy atento a la utilización de esos medios y al cumplimiento de los acuerdos que tienen con nuestra formación. El famoso anuncio a bombo y platillo de la subasta de medicamentos, cuestiones como los últimos movimientos en Canal Sur, censura incluida, u otras actuaciones que nos han llamado mucho la atención como los nombramientos en la administración territorial de la Junta. Y nosotros tenemos una capacidad dirimente en base a la aritmética parlamentaria, que podemos hacer valer en cualquier momento, y eso lo sabe el gobierno de la junta de Andalucía”.

Vox lleva días haciendo oposición, tanto como los partidos de la izquierda, y a menudo junto a los partidos de izquierda. No siempre con los mismos argumentos –contra el toque de queda, en su caso, para no perjudicar a la hostelería y al comercio– pero casi siempre con el mismo resultado. Esta semana han dado un ultimátum a la consejera de Cultura antes de pedir su cabeza por un quítame allá esas cruces. Hernández, salvo su famoso día de furia en el Parlamento haciéndose un Michael Douglas en la carretera de Los Ángeles-Venice, ha recuperado el tono sosegado pero endureciendo la oposición a la vez, y de qué modo. El resultado es que todo resulta paradójico: Vox hace oposición contra sus aliados, y a sus aliados se les ve muy cómodos con esa oposición, al menos mientras no haya una votación delicada, ya que diluye la crítica de ser un Gobierno al servicio de la ultraderecha. No obstante, cuando la política es demasiado paradójica, suele ser poco convincente.

Gobierno unido, tregua en Ciudadanos

8. Inés Arrimadas: El Gobierno de Andalucía se cimenta en el entendimiento y la moderación, y es ejemplo de estabilidad en toda España... Un gobierno de cambio después de 40 años, de aire fresco y una ventana de ilusión para los andaluces”.

Inés Arrimadas visitó Andalucía, tuvo un encuentro simbólico con Juan Espadas, al que Marín había señalado como voz de la izquierda útil y sensata, pero dejó claro que mantiene y mantendrá su apoyo al Gobierno del Cambio, contra la herencia socialista, más allá de las próximas elecciones. Para entonces, Ciudadanos desconoce quién será su candidato, pues habrá primarias, pero Arrimadas tuvo un gesto hacia Juan Marín, después del desplante de Andalucía Suma, enfatizando su confirmación como coordinador andaluz de Cs, “una decisión de esta presidenta y de la ejecutiva nacional”. Marín peleará por estar en el cartel electoral (“intentaré ser candidato, pero lo decidirá la militancia. Ciudadanos es un partido democrático a nivel interno, y la militancia dirá”) pero enfrente tendrá rival, presumiblemente Rocío Ruiz. Ya se medirá entonces la división que pinta fea, pero de momento Marín mantiene el estatus y el sosiego en ese Gobierno. El propio Bendodo publicaba estos días una foto de unidad beatífica y buen rollo, hermanados codo con codo. Mientras Vox se distancia, el Gobierno del Cambio mantiene su luna de miel. Eso sí, lo de Ciudadanos sólo es una tregua.

Vacunados contra la decencia

9. Teodoro García Egea:Hasta ahora lo que sabemos es que se están vacunando grupos de riesgo y alcaldes socialista, que ya van alcanzando la inmunidad de rebaño”.

10. Javier Guerrero: Yo no quería vacunarme... ¡si yo no me vacuno ni de la gripe! No me gustan las vacunas”.

Entre las vacunaciones, hay golfadas y hay casos con matices. No es lo mismo un gerente de hospital que un alcalde; y no es lo mismo un alcalde con responsabilidad en una residencia que otro que no; y no es lo mismo un dirigente con cáncer que otro sano... Hay suficiente causística para reconsiderar el protocolo; lo que no es aceptable es falsear el protocolo, abusando del poder, ante una ciudadanía con ansiedad ante el proceso de vacunación. Si quieren dar la cara y exponer un protocolo nuevo, adelante; pero no debería dejar margen al ventajismo prevaricador.

Tampoco debería dejarse margen al partidismo miope de tipos como García Egea, que siempre parece dispuesto a lanzar una consigna como quien lanza un hueso de aceituna, y proclamaba que esto sólo era cosa de alcaldes socialistas, eso sí, horas antes de que estallara el escándalo de Murcia y dimitiese un consejero del PP. Hay que ser muy cerril para creer que sólo alcaldes socialistas caerían en la tentación. En fin, es poco probable que Egea aprenda la lección. Nada en su trayectoria hace pensar que vaya a aprender nada de esto. Y otro caso más, casi más chusco: un nuevo consejero de Sanidad también del PP, en Ceuta, no sólo se vacuna con trampas sino que además se justifica con un mensaje antivacunas. No se sabe si es más caradura o más ceporro, aunque no hay que descartar que sea ambas cosas a la vez, incluso en grado superlativo.

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