DIEZ NEGRITAS

El tablero político andaluz entra en ebullición

Diez negritas

Diez negritas

O en erupción, ahora que se llevan las metáforas volcánicas: el pacto presupuestario PSOE-PP, una batalla de Sevilla que desequilibra a Espadas, la plataforma de la izquierda yolandista, Cs en su laberinto, la ruptura de Vox ... y esto en la semana cuatro del curso electoral. Quedan 38 semanas por delante, semana más, semana menos. Va a hacer falta el ibuprofeno que prescribía Borrell para desinflamar, o algo más fuerte.

Grosse Koalition andaluza

“Tengo la sensación de que es posible un acuerdo” dijo Juan Espadas tras la reunión de presupuestos con Juanma Moreno. “Hay razones para pensar que ese acuerdo se podría concretar”, responde José Antonio Nieto, portavoz del PP. Después de semanas de adversativas desconfiadas, de voluntarismos retóricos, de brindis cara a la galería, esto ha sonado a sincero. ¿Se dijeron el presidente y el líder de la oposición que la cosa, como en el poema de Gil de Biedma, iba en serio? Eso parece. Vamos si vosotros vais, vamos si venís, venga vamos... La lógica del “no es no” que ha marcado la relación de las dos grandes fuerzas –la denominación es de Pedro Sánchez pero la aplicación ha sido mutua– puede funcionar, como en Euskadi 2009, y además en una comunidad clave como Andalucía. De hecho Espadas añadió que esto puede ser “histórico” al incluir “cuestiones que incluso podrían ir más allá del acuerdo presupuestario para 2022”.Esto descoloca a todos los demás, desde Unidas Podemos a Vox, que no concedió a la cita más de 10 minutos. Un día antes, en el Parlamento, Gavira fue duro con los incumplimientos y Moreno con su electoralismo al precio de erosionar el Gobierno del que han sido aliados. Más madera. ¿Esto es definitivo? En política, parafraseando a Romanones, nunca o siempre son adverbios que significan a día de hoy, en este preciso momento.

Ciudadanos y sus enterradores

Mientras Elías Bendodo certificaba la posible grosse koalition presupuestaria –si Polimalo no se reservaba ninguna maldad, es que va realmente en serio– a Juan Marín le cogía descolocado: “sigo teniendo muchas dudas”. Marín, no obstante, quiso celebrar que sería buena noticia ese apoyo del PSOE al “presupuesto de PP y Cs”, reclamando el sitio de Ciudadanos, ya que todo parecía reducirse a un dueto Moreno-Espadas. Una vez más, se hace patente la dificultad de Cs para rentabilizar su buena gestión (esta semana, algo interesante como la Oficina contra el Fraude era despachado por algunos como un fraude más) con el partido en desgaste permanente.

A Ciudadanos, de hecho, ya lo acechan los enterradores. Espinosa de los Monteros, de visita a Jaén (apuesten a que un Jaén Existe acabará concurriendo), caricaturizó Cs como partido ya inexistente: “en ocasiones veo muertos...”. En la convención del PP, Vargas Llosa también firmó el certificado de defunción del proyecto liberal y anunció su voto al PP. Casado quiere –vamos con otra metáfora volcánica– que la colada naranja acabe cayendo en Génova para ensanchar su fajana electoral. Para el PP andaluz, es importante cuidar a Ciudadanos; pero también preocupa que sus votos se vayan por el sumidero de las minorías en varias provincias. Son muchos votos. En el fatídico noviembre de 2019, todavía 350.000.

La batalla de Sevilla

José Luis Sanz renunciará mañana a Tomares para ejercer, desde ya, como candidato a Sevilla. Es el mayor ayuntamiento del PSOE, su única plaza en el G7, con fortaleza considerable después de que Espadas sacara 50.000 votos al PP, 15 puntos, con un éxito transversal al estilo coruñés de Paco Vázquez o de Paco de la Torre en Málaga. Pero Espadas ya no estará; y su sucesor se enfrenta a un rival con datos también demoledores, al haber derrotado al PSOE en Tomares por 30 puntos. La retirada de Espadas y la llegada de Sanz no sólo sacudirá el Ayuntamiento de Sevilla, sino la carrera de la Junta. De inmediato habrá efectos colaterales. Si Espadas renuncia ahora, le harán campaña acusándolo de haber abandonado Sevilla. Si continúa, le harán campaña acusándolo de desatender Sevilla por su dedicación a ganar la Junta.

Candidatos en los bares

La política cada vez más se gestiona con gestos. De ahí que Juanma Moreno se tomase una cerveza en El Salvador con José Luis Sanz, y se fotografiaran delante del Ayuntamiento. Antes de que Sanz saliera consagrado de la convención del PP, Juanma Moreno quiso bendecirlo él. Fue un gesto hábil, al que le quedaría largo escenificarlo “al calor del amor en un bar” que cantaba Gabinete Caligari. Más bien fue “al bies del interés en un velador”. Esta batalla ha sido para Génova, como se constataría en su convención llena de inconveniencias –lo mejor para Moreno es haber quedado fuera de los titulares acaparados por Sarkozy, Ayuso, Vargas Llosa, Casado...–; y ante las batallas imposibles, como recomienda Sun Tzu, lo inteligente es evitarlas.

Después Juan Espadas, para justificar la marimorena de su partido en Cádiz, lanzó un dardo bien afilado recordando que los candidatos del PSOE “se eligen en los órganos del partido, no en las plazas ni en los bares”. Bien jugado. Eso sí, ahí le queda a él lo de Cádiz, que unos llaman Cádiz-Herzegovina y otros Euskádiz.

Por demás, no hay que despreciar los bares, ahora que vuelve la normalidad y sus bullas. En una servilleta dibujó Churchill la frontera de Jordania, en una servilleta pintó Picasso su paloma de la paz, en otra Laffer dibujó su curva, en una servilleta fijó Marilyn Monroe sus maravillosos labios después subastados... No hay que despreciar los bares, a menudo más civilizados que las sedes de los partidos. Bares, qué lugares.

Teresa y la domadora de egos

Yolanda Díaz ha apuntado sus planes para una plataforma de izquierdas: “ni una suma de partidos ni una suma de egos”. Después añadió: “Estoy rodeada de egos. Nunca me he peleado por estas razones ni lo voy a hacer… como suceda esto, o existan ruidos, es probable que me vaya”. A partir de ahí, gran agitación de egos. Volvamos a las metáforas volcánicas: las erupciones se anuncian con series sísmicas de baja intensidad antes de... En fin, Noelia Vera se va; Irene Montero se rinde; Ione Belarra se esconde, mientras el liderazgo de Yolanda Díaz, con un ego a prueba de egos, va a más: aunque de filiación abiertamente comunista, se da un aire poderoso de socialdemócrata y persigue el mito de una Izquierda Unida, a ver si por fin además de Izquierda es Unida.

En Podemos han entendido el mensaje que ya apuntó Pablo Iglesias: Yolanda o el abismo. Se da por hecho que la domadora de egos atraerá también a Errejón a esa plataforma, con muchos votos de Madrid. ¿Y Andalucía, donde se especulaba con una alianza de Teresa Rodríguez y Errejón? Es una oportunidad de reunificar ese espacio despedazado, pero la gestión de los egos aquí va a ser de altísimo voltaje. Un puñado de fieras esperan a la domadora.

Atención secundaria

Entretanto, más allá del tablero político, la vida sigue, con las dificultades para una cita en el centro de salud. La oposición, sobre todo el PSOE, ha llegado tarde al frente de la atención primaria, uno de los asuntos en que la gestión de la Junta estaba más expuesta a los ataques consistentes. Por momentos, se han perdido en asuntos menores prestando una atención secundaria a este asunto. Tal vez temían el efecto bumerán de la herencia recibida. Esta misma semana, después de otra buena intervención de Inmaculada Nieto reclamando autocrítica y sensibilidad hacia los ciudadanos sufridos (“si me va a repetir que los expertos le han dicho que no abra la atención primaria, cambie de expertos”), el presidente replicó con la herencia recibida de gobiernos de PSOE y de IU. La herencia de 37 años parece inagotable.

En el PSOE, tras dudar demasiado, esta semana se decidieron a lanzar una campaña sobre la atención primaria pero, con todo preparado, quedó neutralizada por el anuncio del presidente de la vuelta a la normalidad desde el primero de octubre. El PSOE, descolocado, atacó en el Parlamento con el mantra viejuno de entregarse a los privados, dando a Jesús Aguirre la oportunidad de sacar ese perfil imbatible de médico rural sin dobleces diciendo a la portavoz socialista que se deje de “milongas” y “no hable de oídas”. Ahora está por ver que la vuelta a la normalidad sea realmente normal.

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