Análisis

Fernando Faces

Santelmo Business School

El testamento de Mario Draghi

El presidente del BCE no acepta la derrota en la lucha contra la inflación y el crecimiento estable

El testamento de Mario Draghi El testamento de Mario Draghi

El testamento de Mario Draghi

En su última conferencia de prensa de esta semana el presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi, ante el fracaso en la consecución del objetivo de inflación cercano al 2%, afirmaba con contundencia “no hay resignación y no creemos en la derrota. No aceptamos la inflación actual. La institución (BCE) tiene la firme determinación de actuar, utilizando todas las herramientas de política monetaria que sean necesarias”. Sólo le faltó a añadir, como en su famosa frase del año 2012 “y les aseguro que será suficiente”. Y no lo hizo porque era consciente de su fracaso en doblegar una inflación indómita, tras ocho años de medidas de política monetaria extraordinarias en los que ha inundado la Eurozona de liquidez. Ocho años en los que la inflación ha crecido a ritmos en torno al 1%, lejos del objetivo del 2%. Demasiado tiempo de política monetaria expansiva y extraordinaria, que ha convertido a los mercados financieros en adictos a la liquidez ilimitada y a los tipos de interés cero o negativos.

En el primer trimestre de este año Mario Draghi creyó, ante los indicios de reactivación de la economía y la subida de los salarios, que había llegado el momento de anunciar el retorno a la política monetaria convencional, a la normalidad. Y así lo hizo. Anunció el inicio de la subida de los tipos de interés en enero de 2020 y dio por finalizadas las compras de bonos (QE). Para que la transición fuera suave, el BCE continuaría reinvirtiendo los bonos amortizados y procedería a una nueva inyección de liquidez a los bancos (LTR0 III), para reemplazar los préstamos que iban venciendo de la anterior (LTROII).

El mundo al revés

Desgraciadamente la negativa evolución de los riesgos globales y las señales de desaceleración económica europea le obligaron a un inesperado y brusco cambio en la orientación de la política monetaria (foward guidance).Los riesgos globales se agravaban: guerra arancelaria China-USA, Brexit duro, rebeldía presupuestaria de Italia, fuerte desaceleración de Alemania, desaceleración del crecimiento y declive el comercio mundial. El fantasma de una nueva recesión volvía a vislumbrarse. Ante este escenario la Reserva Federal de EEUU (FED), en su última reunión del comité abierto, daba por concluida la larga fase de subidas de tipos de interés y dejaba la puerta abierta a bajadas de tipos en los próximos meses. La reacción del BCE estaba obligada. El Consejo de Gobierno del 6 de junio tomó la decisión de posponer seis meses la primera subida de tipos de interés hasta el segundo semestre de 2020. No obstante los mercados financieros están descontando que la subida de tipos de interés se retrasará hasta bien avanzado el 2021. Al mismo tiempo anunció una tercera línea de financiación a la banca (LTROIII). Las condiciones son ligeramente inferiores a la anterior: plazo de dos años, tipo de interés negativo de -3%. Es decir, como en las anteriores, el BCE, en vez de cobrar paga por prestar a los bancos, con la condición de que el crédito fluya a la economía real, a las familias y a las empresas. El mundo al revés. El tipo de interés se elevará al 1% si esta condición no se cumple. De las cantidades de financiación disponibles para cada país se descontará la financiación utilizada y no vencida de anteriores préstamos. Lo cual perjudica a los bancos españoles que fueron los que en mayor medida acudieron a las anteriores (LTROI y LTROII).

El consejo de gobierno del BCE fue más allá. Se planteó la posibilidad de aumentar el tipo de interés negativo de los depósitos de los bancos en el BCE, actualmente en el -0,4%. El BCE penaliza con un tipo de interés negativo a los bancos que mantienen depósitos en su balance .El propósito es que los bancos no tengan tesorería ociosa y la dediquen a la financiación de las empresas .El BCE está dispuesto , si fuera necesario, a penalizar todavía más a los bancos que mantengan tesorería ociosa por encima de las necesidades de coeficiente de caja. Esta decisión implica que no está dispuesto a atender la reclamación de la banca, que solicitaba una menor penalización, proponiendo un sistema de tramos de tipos de interés decrecientes en función del exceso de tesorería. El coste para la banca europea de los tipos de interés negativos alcanza los 7900 millones de euros anuales. La reacción de las bolsas fue negativa.Las cotizaciones de los bancos se desplomaron. Los más perjudicados fueron los bancos españoles menos diversificados globalmente.

El declive del negocio bancario

Los bajos tipos de interés, los tipos de interés negativos de sus depósitos en el BCE, la escasa demanda de crédito, las mayores exigencias regulatorias y de solvencia, y la competencia creciente de los nuevos competidores tecnológicos están hundiendo la rentabilidad de los bancos. La rentabilidad sobre recursos propios (ROE) próxima al 6%, está por debajo del costo de captación deL capital (8-10%). En estas condiciones, señalan algunos banqueros, la banca ha pasado de ser un muy buen negocio a un mal negocio. Mario Draghi niega que los tipos de interés bajos o negativos estén perjudicando a la banca. Los bajos tipos de interés están estimulando el crecimiento económico y el negocio crediticio, y reduciendo la morosidad. Para Mario Draghi el efecto neto sobre la banca es positivo. En todo caso el BCE está obligado a priorizar el control de la inflación y el crecimiento de la economía sobre la cuenta de resultados de los bancos .Existe un límite: no provocar una crisis bancaria que conduzca a una nueva recesión. Es el dilema entre crecimiento y estabilidad, entre el objetivo de la política monetaria y el de las políticas macro prudenciales.

El italiano demuestra con su trayectoria que es un excepcional banquero central

Ante este escenario, el BCE apremia a la banca para que mejore su rentabilidad reduciendo el número de empleados y de oficinas, diversificándo sus ingresos, reestructurando su modelo de negocio con las nuevas tecnologías y aumentando su dimensión mediante fusiones nacionales y transfronterizas. La banca española está acometiendo una gran transformación de su estructura. De toda la banca europea es la que más ha reducido su dimensión en número de empleados y de oficinas. Pero no ha sido suficiente. El volumen de negocio, crédito y depósitos, por oficina y empleado ha aumentado. Sin embargo el margen de intermediación y el beneficio por empleado y oficina han descendido. El resultado es que la eficiencia de la banca ha disminuido. Si la subida de los tipos de interés se pospone un año o dos más, la situación de la banca puede llegar a ser preocupante. Sin duda alguna sería necesario un nuevo proceso de fusiones. Como afirma Mario Draghi vivimos tiempos de ruptura. Estamos muy lejos de lo que siempre hemos entendido por normalidad. Los desafíos a los que nos enfrentamos distan mucho de ser normales, son extraordinarios y la actitud y las políticas para atajarlos, también la política monetaria, tienen que ser excepcionales. Mario Draghi no acepta la derrota en la lucha contra la inflación y el crecimiento estable. Pero también afirma que, para conseguirlo ,el BCE no puede trabajar en absoluta soledad. Necesita la colaboración y el acompañamiento de los gobiernos con políticas fiscales y con reformas estructurales. Es el legado de Mario Draghi, un banquero central excepcional.

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