Análisis

JOSÉ IGNACIO DEL REY TIRADO

Los tiempos que perdimos

Apelo al mito. A esa gloria de la ciudad que es, porque los mitos no mueren, Romero Murube. Parafraseando el título de una de sus obras, hablemos del tiempo perdido. Desde el adarve del alcázar dedica en Los cielos que perdimos un capítulo a la llegada de la primavera y a la lamentable destrucción de la ciudad, que es la del alma del sevillano. En su homenaje, hablaré de los tiempos que hemos perdido, esos que ya no veremos más. Estamos en mitad de un mal sueño.

Desde que el último paso arrió sus zancos en el suelo en la ya lejana Semana Santa de 2019, hasta que, si Dios quisiera, el año que viene pudiera alzarse sobre sus costaleros el primer paso, el Viernes de Dolores de 2022, habrán pasado 1083 días. Dos años, 11 meses y 18 días. Largo tiempo llevamos y nos queda ¿para qué? Salvo error u omisión por mi parte, no se han producido ni planteamientos de futuro, ni planificaciones para lo que ha de venir. ¿De verdad pensamos que todo va a poder ser igual? ¿De verdad no vamos a aprovechar este parón (obligado) en replantearnos la Semana Santa y su organización? Sin la presión temporal que tenemos cada cuaresma, con la perspectiva de esta nueva normalidad ¿nos vamos a limitar a esperar y organizarlo todo igual que antes o como si no hubiera pasado nada? Tiempo perdido.

La pandemia en esto (y en tantas cosas) no parece que nos hará mejores, de momento todo sigue igual. Podemos hacer de este problema una oportunidad de mejora. Cito a otro escritor permanente e insistentemente reseñado por un cuento: Augusto Monterroso, (mi hermano Tomás, maestro del relato breve, insiste que este autor tiene otras lecturas muy interesantes, no solo ese dichoso cuento). Pues citando, la archimencionada historia, lo podemos aplicar a nuestra situación actual. Cuando despertemos (de esta pesadilla pandémica) el dinosaurio (de los problemas de nuestra Semana Santa) seguirá allí. ¿Terminaremos de perder el tiempo sin hacer nada?

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