Análisis

gumersindo ruiz

'#Me too' entra en política

El día 6 se cumple un año del poderoso reportaje del New York Times, de Kantor y Twohey, seguido de otros del New Yorker, sobre alegaciones de abusos sexuales a mujeres, que dio lugar a una ola de denuncias. Se dan tres circunstancias: el número considerable de mujeres a las que afecta; que se tratan de profesionales o artistas de éxito; y el control ejercido por personas con poder. "A solas con él, su presencia ya intimidaba", decía una actriz de Harvey Wenstein, el productor y fundador de Miramax. Hay que añadir, que casi todos los que han sido denunciados han tenido que ir dejando sus cargos, por lo que se ha dicho que "esta vez es diferente".

Estados Unidos vive pendiente de lo que ocurrirá con Brett Kavanaugh, nominado por Trump como juez del Tribunal Supremo, y acusado por una antigua compañera de instituto, ahora profesora en Stanford, de un intento de violación hace 36 años. Estos cargos son vitalicios, y Kavanaugh sustituiría a Anthony Kennedy, comprometido con el partido republicano -dio la presidencia a Bush en el conflicto con Gore-, y en temas laborales, medio ambiente, salud, y armas, pero que cometió la perfidia de la moderación respecto a la pena de muerte, los derechos de interrupción del embarazo, y de los homosexuales, cuya unión tenía para él "igual dignidad a los ojos de la ley...y representaba las ideas más altas de amor, fidelidad, devoción, sacrificio, y familia" -las palabras de Kennedy se han puesto de moda y se leen en las bodas, para desesperación de algunos-. Trump no quiere repetir la experiencia, y nombra a Kavanaugh, mucho más radical que su antecesor, pretendiendo mantener la fidelidad de algunos de sus votantes; aunque, por otra parte, se enfrenta al rechazo que provoca una acusación de este tipo.

Hay una polarización de la política en torno a asuntos peculiares, como ocurre en España con los títulos universitarios, las sociedades para intentar reducir impuestos, o los chantajes de personajes grotescos. Dejando esto último, lo primero ha puesto al descubierto la pobreza de una parte de los estudios universitarios, conocida y soportada por el statu quo de la administración, los docentes, los alumnos, y las familias; pero hay que decir que desde hace dos años, leer una tesis en España, al menos en economía, es dificilísimo, y los trabajos de fin de grado ganan en calidad. Y lo segundo, por un asesoramiento fiscal que hace más mal que bien al aconsejado; la morbosa terminología de Hacienda -defraudar, ocultar- para diferencias de criterio, y declaraciones de las que tiene plena información, da juego a quien sólo busca el escándalo.

Entre los temas con los que nos entretenemos en España y el movimiento #Me Too hay diferencia, pues aquí la discusión está enfocada sólo en políticos, y el #Me Too se extiende a las relaciones de género en instituciones y empresas. Christine Ford se ha enfrentado -"aterrada", según sus palabras- a Kavanaugh en un comité de 21 senadores, con sólo cuatro mujeres, ninguna del partido republicano. Estas cosas nos muestran lo que es el poder en estado puro, en la política, en todas las relaciones económicas y sociales, y ahora también de jueces que intervienen y deciden sobre la sociedad, la economía, y la propia política.

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