La esquina

josé / aguilar

El ADN de la corrupción

HA dicho el apasionado portavoz de IU en el Parlamento andaluz, José Antonio Castro, que "cualquier pacto de lucha contra la corrupción que firmen el PP y el PSOE tiene menos crédito que... en fin, iba a decir una burrada y me voy a callar (...) Esos partidos llevan la corrupción en su ADN".

No hacía falta que se callara, la burrada ya la había dicho. ¿Qué es eso de que hay partidos que llevan la corrupción en su ADN? ¿Qué tendrá que ver la genética con la política? ¿Y los cromosomas con la magnesia?

Un partido está integrado por hombres (y mujeres) y habita en la condición humana la posibilidad de corromperse, o no. Todos los que se dedican a la política, al igual que los que ejercen cualquier otro oficio o vocación, son corrompibles. Lo mismo da que sean de izquierdas, de derechas o mediopensionistas. Los genes de cada cual no tienen nada que ver con eso. Es más bien cosa de valores, circunstancias y oportunidades. Precisamente el pensamiento marxista del que Castro será deudor tiende a explicar la conducta de las personas más en función de su contexto social que de su biología.

Si lo que ha querido expresar el portavoz de IU en forma de boutade, o de bobada, es que hay colectivos políticos (PP y PSOE) que llevan inscrito en su código genético la pulsión de corromperse, todavía lo empeora más. Ningún partido nace con la denominación de origen de la podredumbre. Ningún partido surge con el objetivo de robar ni utilizar ilícitamente el poder al que aspiran, eso sí, desde que se constituyen.

Son los individuos que militan en los partidos los susceptibles de caer en la tentación de la putrefacción. Los de todos los partidos. Si hay diferencias entre ellos no se encuentran en sus supuestos genes colectivos, sino en el distinto talante que manifiestan ante los corruptos que, inevitablemente, aparecerán en sus filas. Casi todos son permisivos -e intransigentes con los corruptos ajenos-, pero a veces las circunstancias les obligan a depurar a sus miembros deshonestos. Es lo que está pasando ahora en España. Y no podría pasar si la pudrición de los partidos tuviera su origen en sus respectivos ADN.

A todo esto, cabe preguntarle a Castro qué hace Izquierda Unida compartiendo Gobierno en la Junta con un partido que lleva la corrupción en su ADN. Debería rehuirle para no mancharse, que eso del Ácido Desoxirribonucleico tiene nombre y pinta de ser de lo más contagioso.

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