EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Adiós, muchachas

EN un colegio público de Málaga, tres familias han denunciado por supuestos abusos sexuales a un profesor que lleva cuarenta años dando clase y que nunca había tenido ningún problema. El profesor fue detenido en plena clase, delante de sus alumnos, lo que supone una humillación muy dolorosa para alguien que se ha pasado toda su vida en un aula. Quizá los padres que pusieron la denuncia no entiendan de estas cosas, porque viven en un mundo en el que sólo importa salir en la tele y gritar mucho y a ser posible cobrar por no hacer nada, pero este hombre tenía su modesta reputación, ganada durante cuarenta años de trabajo duro en un puesto que requiere mucha dedicación y mucha paciencia. Este profesor estaba orgulloso de su trabajo y era -estoy convencido- un buen profesional. Pero tuvo que declarar durante cinco horas en comisaría y luego fue puesto en libertad con cargos. De momento está "imputado", un concepto que para mucha gente, sobre todo si es inculta y malintencionada e histérica (y cada día hay más gente así), significa lo mismo que "culpable" o incluso "condenado". ¡Imputado! Toma ya.

Las pruebas para detener a este profesor eran muy endebles, nada más que las declaraciones de los niños, que según vi en un morboso programa de TVE (Gente) sólo tienen cuatro años. ¡Cuatro años! A los cuatro años un niño no sabe expresarse bien, y ni siquiera estoy seguro de que sepa qué le ha pasado, a no ser en un caso grave de agresión física (y éste no lo era). Unos padres suspicaces o aprensivos pueden hacerle decir lo que les dé la gana (a los padres, claro), basándose en comentarios o rumores, o incluso en su mala disposición contra un profesor. Este profesor se encargaba de la ingrata tarea de vigilar a los niños sancionados por mal comportamiento. Como es natural, los niños que supuestamente sufrieron los abusos eran los niños que causaban más problemas de convivencia, niños gritones y consentidos, niños que odiaban al profesor o cuando menos le querían mal. De eso no dijo nada TVE, que ni investigó los hechos ni dio una explicación ecuánime del caso, aunque sea la televisión pública que se financia con los impuestos del profesor (pero ésta es otra historia, y bien triste por cierto).

Convendría recordar que no es la primera vez que ocurren hechos así. Hace unos años, en Canal Sur, Santiago del Valle (el pederasta ahora acusado de matar a Mari Luz Cortés, que por entonces ya tenía varias condenas), denunció a un profesor de gimnasia acusándole… ¡de abusos deshonestos! Que yo sepa, nadie le ha pedido disculpas a ese profesor. Y nadie ha pensado en introducir el delito de falso testimonio o de perjurio en nuestro ordenamiento jurídico. ¿No estamos llevando las cosas demasiado lejos?

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