El ministro Albares, con su habitual todo de suficiencia en el que da a entender que sus antecesores no sabían manejarse por el mundo, ha regresado de Bruselas sin haber resuelto nada respecto a Gibraltar, aunque hace unas semanas presumió de que el acuerdo con el Reino Unido estaba prácticamente cerrado. Pues no. Le ha pasado lo mismo que a los demás, y su encuentro con David Cameron, ex premier británico y hoy ministro de Exteriores acabó como el rosario de la aurora. Ni ha resuelto la situación de los trabajadores españoles, ni las pensiones, ni el aeropuerto, ni quién controla la aduana… Lo de siempre.

El pobre Albares necesita un triunfo, y no lo consigue. Vuelve de Londres y se encuentra con el problema de que Podemos y Sumar le ganan la batalla de los barcos que supuestamente transportaban armas a Israel, pero antes de ese episodio Albares promovió una gira de Sánchez por varios países para conseguir que sus gobernantes respaldaran su idea de reconocer el Estado Palestino. Se suponía que el equipo del ministro habría preparado el terreno, pero Sánchez regresó con respuestas casi idénticas: sí al reconocimiento del Estado Palestino, pero éste no es el momento más adecuado para hacerlo. Sánchez anunció días atrás que el reconocimiento de España sería el próximo martes. Pues no. No contaba con el respaldo internacional que buscaba así que no la retrasado sine die para que se apunten más países. Lo que significa que la gira no ha sido precisamente un éxito, hay que negociar más, y mejor, el apoyo.

España ha tenido presidentes que han pisado muy fuerte en el terreno internacional –Felipe González, José María Aznar–, y otros que han sido menos relevantes. Pero en todos los casos los gobernantes han contado con ministros que conocían bien la política internacional, se rodearon de equipos profesionales muy solventes sin tener en cuenta su ideología, y se han defendido con solidez los argumentos españoles en los foros más difíciles. Entre ellos Borrell, hoy responsable de la política exterior y de seguridad de la UE, y que más de una vez le ha recordado a Albares, y al propio Sánchez, que los miembros de la UE están obligados a respetar las decisiones de Bruselas en política exterior.

Hoy en la sede del ministerio de Exteriores, las figuras de trayectoria más admirable han sido enviados a destinos impropios de su experiencia, mientras se ha promocionado a personas sin más mérito que la juventud –que no siempre es divino tesoro–, el amiguismo… o haber ocupado ministerios sin éxitos apoteósicos.

Y así nos va. Porque aparte de que importa que un ministro sepa moverse bien, son importantísimos los llamados serpas, los combatientes, los que preparan las reuniones presidenciales y ministeriales con muchas horas previas de trabajo y negociación. Y con Albares apenas hay. Como se ha visto en la reunión de Albares con Cameron sobre Gibraltar.

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