En tránsito

Eduardo Jordá

Amor libre

VEO las fotos de los pórticos del Mercado de la Boquería, en Barcelona, convertidos en una especie de burdel al aire libre que podría haber estado en Pompeya poco antes de la erupción del Vesubio. Y luego veo las fotos de la pareja que salió fotografiada en la cubierta del disco dedicado al festival de Woodstock, del que este verano se cumplen los 40 años. Esta pareja fue fotografiada cuando se abrazaba bajo una colcha mugrienta. Pero ellos dos, Bobbi y Nick Ercoline, se casaron dos años después del festival y se han mantenido unidos hasta ahora, si hemos de creer lo que dicen y no se trata de un montaje (cualquiera sabe en estos tiempos).

En cualquier caso, si esta historia es cierta -y a mí me gustaría que lo fuera-, cuarenta años juntos no es ninguna broma para una pareja que creció en la fe absoluta en el amor libre. Una superstición, por supuesto, porque no hay nada que sea menos libre que el amor. Se mire como se mire, amar significa estar en poder de la persona que amamos. El sexo sí puede ser libre, siempre que haya consentimiento mutuo, pero el amor no es libre ni lo será nunca. Al contrario, es un carcelero despiadado, por mucho que digan los cantautores.

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