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Antropólogos Extraterrestres

Pese a nuestro origen común y vivir a un 'mail' de distancia unos de otros, estamos más desunidos que nunca

El origen del ser humano, según los últimos estudios, estaría en un territorio que hoy pertenece al norte de Botsuana, en donde en una zona de lagos se desarrolló un ecosistema muy fértil en el que comenzó nuestro linaje familiar común. Hay quien discrepa y considera que el Homo sapiens procede de Etiopía. Lo que resulta de consenso general es que el ser humano proviene de África, hoy el lugar menos relevante del planeta, y que los lagos son ahora un territorio árido, seco y sin agua 200.000 años después de la acción de aquella familia de primates con aspiraciones. Bueno, también hemos construido catedrales y descubrimos la pintura, la música y la literatura, pero eso no nos exculpa.

Durante nuestra historia, los humanos hemos viajado, contado historias de lo que nos iba ocurriendo y, sobre todo, nos hemos peleado por posesiones, poder y glorias. El siglo en que EEUU gobernó el mundo, se extendió la idea de que la globalización nos haría a todos iguales bajo el patrón occidental. Pero eso fue el siglo pasado y han bastado dos décadas para saber que en el XXI Occidente no sólo no reina, sino que sus ciudades se han llenado de modos de vivir distintos y basta pasear por sus calles para encontrar barrios que bien podrían estar en otros continentes. Y al igual que nuestra cultura les afecta y modifica a sus habitantes, ellos también nos cambian a nosotros. Siempre ha sido así. Globales o no, todos somos mestizos.

Y, sin embargo, pese a nuestro origen común y vivir a un mail de distancia unos de otros, estamos más desunidos que nunca. El Norte del Sur; el Este del Oeste; Polonia de Bruselas; Barcelona de Madrid y hasta Ayuso de Casado. Cada día nace una nueva línea divisoria entre nosotros. Somos miembros de una misma familia, orgullosos habitantes de una casa preciosa pero descuidada en la que la basura se acumula, donde cada uno vive en su propia habitación, ajeno a los demás y sin juntarnos ni para desayunar o cenar y compartir las cosas que nos pasan.

Cuando dentro de 200.000 años, un alienígena perdido tras una noche de juerga se encuentre con la tierra a oscuras y sin vida, descubrirá restos de que una vez en un rincón del Universo hubo un jardín exuberante, pero a sus habitantes el porvenir siempre les pareció lejano y nunca se preocuparon en exceso del futuro; y, además, cuando llegó, les cogió de puente festivo, que es lo único junto a los algoritmos que quedará de nosotros para el estudio de los antropólogos extraterrestres.

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