Arboricidio del naranjo

Sevilla sin naranjos no se parecería a Sevilla. Es lo que le faltaba para ser un parque temático del jardín tropical

Por culpa de las negociaciones para formar Gobierno, por culpa de los ERE, por culpa de los premios de la MTV, las Estrellas Michelin y la Cumbre del Espacio, por culpa de la iluminación navideña para el Black Friday, por culpa de Magallanes y Montañés, por culpa de lo que sea, no se le está dando importancia a una gran barbaridad: el arboricidio de los naranjos sevillanos. Ríanse ustedes de cuando Susana Serrano llamó Juan Serrucho al alcalde, para lo que puede ocurrir. Se van a cargar la Sevilla del azahar, y van a eliminar más de la mitad de los naranjos que existen. No será a lo bestia, no será a serruchazo limpio. Tampoco será en plan de apearlos en modo terapéutico, como si sufrieran una lipotimia. La receta será sutil. Cuando un naranjito de Sevilla se vaya a hacer puñetas será sustituido por una especie diferente.

Según se publicó, el Ayuntamiento le encargó a la empresa Tecnigral (por un importe de 45.000 euros) un Plan Director del arbolado urbano en Sevilla. Un plan que se vendió como participativo, faltaría más, aunque ya han aparecido grupos ecologistas diciendo que a ellos que los registren. Según el Plan Director, en Sevilla sobran naranjos a punta pala. En concreto, sobran en las calles, donde suponen el 33%, frente al 11% en los parques. En torno al 25% de los árboles sevillanos son naranjos (en algunas zonas del casco antiguo puede que más) y el objetivo es dejarlos en apenas el 10%. Es decir, en menos de la mitad.

La excusa es que los naranjos son más propicios a sucumbir a las plagas. ¿Y ahora se han dado cuenta? A ver si resulta que el azahar es la caspa del naranjo. Según algunas leyendas, están aquí desde los tiempos de Hércules. Otras teorías dicen que los árabes se hartaron de sembrar naranjos en Sevilla porque la querían convertir en la capital mundial de la perfumería (eso no se le ha ocurrido al alcalde todavía), aunque otros dicen que los pusieron de moda los marineros escoceses y que por eso compran allí tantas naranjas amargas para las mermeladas. En los conventos de Santa Paula y San Clemente las elaboran con los naranjos de sus patios.

El PP ha protestado por el arboricidio de naranjos en los jardines de las Delicias, pero Beltrán Pérez no se ha encadenado todavía a un naranjo del patio de los ídem. Sevilla sin naranjos no se parecería a Sevilla. Es lo que le faltaba para convertirla en un parque temático del jardín tropical. ¿Y qué pasará con el azahar? Un pregón de Semana Santa sin azahar es como un Domingo de Ramos con lluvia, algo muy triste. Estamos ante el fin de la primavera.

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