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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Asenjo tiene razón

La ignorancia histórica y el odio a la Iglesia provocan corrientes de opinión sin fundamento

En tiempos de mala fe e ignorancia es necesario demostrar lo evidente, recordar lo sabido y justificar lo documentado. El escrito En honor de la verdad del arzobispo de Sevilla, del que ayer les informaba el compañero Juan Parejo, es irreprochable en su argumentación porque es contundente en sus datos documentados. Monseñor Asenjo no justifica a la Iglesia ni polemiza. Se limita a ofrecer la documentación que deberían conocer quienes pretenden meterse en pleitos. Los documentos y los hechos pueden y deben interpretarse histórica y jurídicamente, pero no negarse. Y hecho documentado, como Asenjo recuerda a quienes parecen tan faltos de memoria como ayunos de historia, es que en 1248 Fernando III entregó a la Iglesia el recinto entero de la nueva Mezquita Mayor de Sevilla, incluyendo el edificio de culto, el alminar y el patio de las abluciones edificados por los almohades en la segunda mitad del siglo XII para sustituir la antigua mezquita aljama sobre la que después se alzó el Salvador.

Tanto la nueva como la antigua mezquita mayor fueron donadas por Fernando III y Alfonso X. Y con ellas todas las de Sevilla además de terrenos para el establecimiento de monasterios y nuevas parroquias, como se acredita en el documento del 5 de agosto de 1252 por el que el rey sabio entrega a la Iglesia todas las mezquitas salvo tres que dona a la comunidad judía para su uso como sinagogas. Y es el Cabildo propietario quien ordena la construcción de la nueva catedral en 1401, la edificación de la Capilla Real en 1551 y el remate renacentista de la Giralda en 1556.

Desde entonces -y han pasado 770 años o aún más si se tiene en cuenta que la nueva Mezquita Mayor fue alzada sobre lo que fue basílica visigótica de San Vicente Mártir- nadie ha discutido la propiedad. No por otra razón sino porque estaba y está documentada por "títulos históricos incontestables". Hasta el punto de que, como también expone monseñor Asenjo, incluso el decreto de desamortización de 1841, que afectaba a "todas las propiedades del clero secular", exceptuaba "los edificios de las iglesias catedrales, parroquiales, anejos o ayuda de parroquia".

Estamos pues en el terreno de la historia y los documentos, no en el de la opinión. Desgraciadamente, la ignorancia histórica y el odio a la Iglesia provocan corrientes de opinión sin fundamento, pero con una gran capacidad de intoxicar y captar adeptos.

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