Opinión

José / Rodríguez De / la Borbolla

Asunción Milá de Salinas y las otras Sevillas

ASUNCIÓN Milá de Salinas fue objeto de un merecido homenaje, en vida, la semana pasada. El homenaje, reconocimiento de su larga, coherente, profunda, creyente y solvente trayectoria en defensa de la vida humana, fue ofrecido por el Colegio de Abogados, el Instituto de Criminología y la Facultad de Derecho -tres instituciones de Sevilla-, con participación de los profesores Arroyo Zapatero, de Castilla La Mancha, y Pérez Luño, catalán de nacimiento, aragonés de estirpe, castellano viejo de paso y sevillano de asentamiento. Un homenaje, desde Sevilla, a una sevillana ejerciente, de origen catalán. Un homenaje ofrecido no desde una Sevilla única y monocorde, sino desde varias de las Sevillas que son, han sido y serán.

Sevilla estaba allí, pero no era la Sevilla habitual de las fotos en serie de otros acontecimientos reflejados de ordinario en los papeles o en las páginas web, en las que parece que son más importantes los asistentes que los protagonistas. En el homenaje a Asunción Milá la importante era ella, y quienes ofrecían el homenaje. Porque, con la presencia, también, del arzobispo Asenjo, el homenaje se daba desde el espíritu cívico sevillano y español a una señora que, junto con otros y más allá de su condición social, ha sido capaz de plantearle problemas a la Iglesia de Roma, al franquismo y a quien haya hecho falta, con tal de defender sus ideas de humanidad y su vocación de educar en la virtud de la compasión.

Asunción Milá de Salinas, junto con Don Ramón Carande, palentino sevillanizado, y con un grupo de profesores y personas sensibles, como Julio Caro Baroja o el Obispo Iniesta, creó la Asociación Española por la Ilegitimidad de la Pena de Muerte, un movimiento y una dinámica movilizadora, desde Sevilla y para España, en contra de la pena de muerte y a favor del respeto integral de los derechos de humanidad. Lo gestó en tiempos difíciles, en los que, en España, se perseguía y hasta se fusilaba a activistas de variadas procedencias ideológicas. Lo hizo desde sus creencias cristianas de fondo, basada en un mensaje de amor aprendido, practicado y profundizado, a lo largo de su vida, con su fe y con sus estudios.

La Sevilla que, con su actitud y su acción, representa Asunción Milá fue una Sevilla minoritaria, marginada y, en muchos casos, perseguida o ignorada, en su tiempo. Pero era un ejemplo de las muchas Sevillas que, por debajo de la oficial o de la "eterna", siempre han existido. Y a las que está bien que se reconozca su papel en la configuración de las almas de Sevilla.

Mientras estábamos allí, pensaba en alguna de las idealizaciones exclusivistas de Sevilla, ya hayan sido elaboradas amorosamente por alguno de los hiperbólicos cantores de la ciudad que proliferaron a lo largo del Siglo XX; ya fuera recreada, en Ocnos, por el desgarro lejano de un genial y trasterrado Cernuda, alienado errante de su tierra, de sus olores y de sus aires; ya haya sido convertida en arquetipo desdichado por la incomprensión de lo escrito, desde su nostalgia de lo no vivido, por un representante preclaro de las "otras Sevillas", como fue Don Antonio Machado, cuando llegó a decir por pluma de Abel Infanzón: "¡Oh, maravilla, Sevilla sin sevillanos, la gran Sevilla!". Pues bien, muchas de esas visiones de Sevilla están muy vacías de sevillanos.

Contemplando y admirando a Asunción Milá de Salinas, recordando a quienes la acompañaron y la acompañan, creo que se puede afirmar: "Sevillas con sevillanos, las grandes Sevillas". Sevilla es -sí, sin duda- un ámbito único y excelso, un escenario de vida y una convocatoria para la vida. Pero es un ámbito, un escenario y una convocatoria creados por la vida, por las creencias y por los afanes de los muchos sevillanos y sevillanas, de unas ideas y de otras, que en el tiempo han sido. Sevillanos de genealogía, nacidos aquí y que han vivido aquí; y sevillanos venidos de fuera, renacidos aquí y creadores, también desde aquí, de las muchas Sevillas que son: Sevillas vivas y plurales, las otras Sevillas. Sin adjetivos: "Y Sevilla…", como dijo Don Manuel.

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