¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Ayuso en la Alameda y otros jolgorios

La juventud española vive, desde antes de la pandemia, en una tomatina perpetua. No es culpa de Ayuso el desmadre

El concejal Juan Carlos Cabrera, flor y nata de la facción capillita del PSOE sevillano, ha culpado a la presidenta electa de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de los desmanes en la Alameda y otros barrios marchosos de España el pasado fin de semana. Cabrera nunca ha sido el Willy Brandt de la socialdemocracia hispalense, pero aun así parecen excesivas unas declaraciones que tienen más de charlatanería radiofónica que de análisis serio de la realidad. Parece que la acusación del delegado de Gobernación y Fiestas Mayores no es inocente, sino una cortina de humo para tapar su responsabilidad política en unos desmanes que la Policía Local -a sus directas órdenes- debería haber previsto y evitado. No hace falta un estado de alarma para aplicar las ordenanzas municipales.

Por lo visto, según Cabrera y otros correligionarios socialistas, el carácter orgiástico de la juventud española es producto del "derechismo trumpiano" de la pícara Ayuso, pese a que un análisis histórico medianamente riguroso nos descubriría que nuestra mocedad lleva viviendo en una perpetua tomatina desde que el profesor Tierno Galván (esa "víbora con cataratas", como lo calificó Alfonso Guerra) pronunció aquel "colocaos y al loro". En Sevilla, sin ir más lejos, la jarana ha sido intensa en las últimas cuatro décadas. No hay quinta entre los 60 y 15 años que no tenga su particular mapa urbano del desenfreno, su callejero mártir de botellones y bares con pocos escrúpulos acústicos y desprecio olímpico por los vecinos: Los Remedios, Reina Mercedes, la Alfalfa, El Arenal, la Alameda… Hay que tener la cara política de losa de Tarifa para culpar a Ayuso de un problema que no supieron solucionar ninguno de los alcaldes que se han sentado en la Plaza Nueva. Tampoco Espadas y su fiel Cabrera.

El jolgorio, como la jodienda, no entiende de derechas e izquierdas. Las bacantes y sátiros que celebraban el fin del estado de alarma cantaban el Bella Ciao, pero bien podrían haber entonado el Faccetta Nera al ritmo de palmas y oles. La mocedad hispana vive, desde mucho antes de la pandemia, en un sarao continuo, de ahí que España sea el país favorito de los alegres erasmus (orgasmus en germanía), pese a tener unas universidades mayoritariamente mediocres. La culpa no es de Ayuso, aunque ella sí ha sabido rentabilizar electoralmente ese espíritu anarco-cervecero que impera en estos tiempos. Lista que es la chica. Sevilla siempre ha sido líder en las colas del paro, votos al PSOE y elchundachunda finisemanal. Nuestro único mérito es que aquí nunca se ha bebido calimocho.

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