¿Qué hay de lo mío?

En Sevilla gusta mucho decirlo. Cuentan que Juanma Moreno y Juan Marín no saben dónde esconderse

En estos días fríos de enero, cuando las calles están regulín para las rebajas y los descensos térmicos vespertinos nos convierten en fugitivos de la ciudad, tiemblan los cajones de la Junta de Andalucía. Se han quedado vacíos, como el Metro un jueves de huelga. Con cuánta razón lo escribió Bécquer, que nació en el barrio de San Lorenzo: "¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!". Pues más solo se queda el cajón de un viceconsejero o de un director general. No hay mal que más de 40 años dure, ni cajones que lo resistan. Lo mismo que se cuenta ahora, se decía del régimen de Franco, que duró 40 años, aunque algunos los confunden con 40 siglos para vivir de la memoria. Por eso digo que en estos días la gente se distrae, a ver qué pasa.

En estos días fríos de enero, cuando las calles están regulín para las rebajas y todo eso, en las sedes del PP y Ciudadanos, lo que más se oye es: "¿qué hay de lo mío?". En Sevilla gusta mucho decirlo. Cuentan que Juanma Moreno y Juan Marín no saben dónde esconderse, quizás en los cajones, o en los armarios. Siempre que la tortilla ha dado una vuelta en el Ayuntamiento, como ahora en la Junta, la gente ha preguntado qué hay de lo suyo. Dándose la circunstancia de que unas veces había un buen cargo y otras un si te vi no me acuerdo. Porque una cosa es el poder y otra la oposición. Cuando están en la oposición venden música celestial, pero cuando trincan los despachos comienzan las colas y se entiende que no hay para todos.

Esto no sólo ocurre en la política, que conste. En las cofradías, si ganan los amigos en el Consejo, o en una hermandad con dos o tres candidaturas, siempre hay algunos que preguntan "¿qué hay de lo mío?". Y lo mío puede ser un palco en la plaza de San Francisco, un martillo en el paso de misterio, un vestidor con encanto, o un relevo amistoso de la banda de la cruz de guía. Cada cual busca lo suyo, y a veces se lo han prometido a más de uno. Con los Reyes Magos del Ateneo a Alberto Máximo le pasa lo mismo. Si fuera por los que le preguntan "¿qué hay de lo mío?", saldrían 30 reyes magos y 358 carrozas todos los años.

Algunos astrónomos están investigando los sonidos del Universo. Puede que si hicieran una psicofonía, aparezcan varios fantasmas sevillanos preguntando "¿qué hay de lo mío?". Y conste que en los próximos días también habrá ajetreo en la sede del PSOE de San Vicente, porque algunos de los 680 que se van a quedar sin lo suyo pedirán algo a cambio. Susana, vaya desastre, no te olvides. Hay especialistas que en el dolor de la derrota encuentran la semilla de un nuevo futuro: se reinventan.

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