Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Betis, ante un problema que avisó con tiempo

DESCONOCEMOS a estas alturas del partido si la noticia es mala, muy mala, peor o simplemente regular. Que buena no es queda claro, pues Rubén Castro está demostrado que es la piedra filosofal que en estos años ha convertido en oro el cobre. El último parte médico le quita tremendismo a la cosa, que no es lo mismo operar la columna que una masa muscular, pero la ausencia será prolongada y eso es fatal para el Betis.

Particularmente y con el debido respeto a los facultativos que lo han visto, pienso que se ha mareado la perdiz con exceso. Desde que saltó la alarma en la pretemporada ha pasado demasiado tiempo, sobre todo al tratarse de un futbolista tan importante para el vivaqueo del Betis en Primera División. En fútbol, sin goles no existe la felicidad y no cabe la menor duda de que la felicidad es el alimento natural de un fútbol que suele manifestarse como un estado de ánimo.

La noticia de que el canario ha de pasar ineludiblemente por el quirófano tiene de bueno que, según los médicos, se trata de una intervención menos problemática de lo previsto. Eso, por supuesto, según los diagnósticos, pues archisabido es cómo se eternizan lesiones que reciben pronósticos leves. Es más, habrá reparado usted, lector, cómo cada vez que un futbolista sale del quirófano se dice que la operación ha constituido un éxito que no siempre se confirma en el futuro.

Pero dejémonos de si ciatalgia o fibrosis en el biceps femoral, que es terreno pantanoso para el profano y muchas veces hasta para el experto. Dejemos este apartado y vayamos al drama que para el Betis resulta la ausencia del que traducía en goles el juego del equipo.Y ha tenido que ocurrir en el curso que se aguardaba con más ilusión, el del retorno a Europa. Mala suerte, pero el problema avisó con tiempo más que suficiente como para ser debidamente subsanado.

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