crónica personal

Pilar Cernuda

Botella llega tarde

LA declaración de Ana Botella de que exigirá "hasta la última responsabilidad" en el caso Madrid Arena llega tarde. La alcaldesa, que en estos meses ha trabajado a destajo, que se estaba haciendo con el cargo a pesar de que sustituía a un político de sobrada experiencia como Alberto Ruiz-Gallardón, ha encontrado un bache de consecuencias impredecibles en su carrera política.

Falló estrepitosamente su hombre de confianza, Miguel Ángel Villanueva, cuando a las pocas horas de conocerse la noticia que ha conmocionado a España entera compareció en público para hacer una defensa exagerada del organizador de una macrofiesta que acabó en tragedia, sin tener la prudencia de esperar a que le llegaran datos oficiales; ya en aquellos momentos había testimonios de asistentes que coincidían en que todo se había ido de las manos, el aforo, el control de entradas y el control de menores. Poco después, la alcaldesa, que reaccionó como se esperaba de ella al visitar los tanatorios y a las jóvenes que permanecían en estado crítico, convocó una rueda de prensa en la que nuevamente Villanueva, y dos concejales más, el de Economía y Seguridad, insistían en que el Ayuntamiento había actuado con corrección.

Fallo garrafal: era ella, la alcaldesa, la que tendría que haber propuesto una investigación, y a esas alturas en las que llegaban datos alarmantes sobre lo ocurrido, debía haber tenido la prudencia de no poner la mano en el fuego por ninguno de sus colaboradores. Antes al contrario, en esa rueda de prensa era donde tenía que haber dicho que exigiría "hasta la última responsabilidad". Luego llegó la noticia de que la alcaldesa había regresado a sus vacaciones familiares en Portugal cuando acabó esa comparecencia. Inaudito en quien ostenta la Alcaldía de una ciudad espantada por lo ocurrido y seguía en vilo las noticias de los hospitales en los que dos crías se debatían entre la vida y la muerte; e inaudito en una Ana Botella que en sus años de presencia pública ha demostrado sobradamente su alto nivel de compromiso social y de sensibilidad.

Es evidente que ningún alto cargo puede estar a todo y en todo, pero cuando se produce una tragedia como la del Madrid Arena, lo primero es hacer acto de presencia y asegurar la mejor atención para las víctimas, y lo segundo ordenar una investigación en profundidad y tomar decisiones drásticas, de cese o incluso de denuncia, contra aquellos que hayan podido cometer desidia o no hayan estado a la altura de sus responsabilidades. Ana Botella sólo se ha expresado en esos términos cuando se cumplía una semana de la fecha fatídica y los datos confirmaban los rumores de los primeros días: aforo duplicado, puertas bloqueadas, descontrol en la entrada y tragedia provocada no por las bengalas sino por la avalancha de jóvenes que entraron sin entrada desde el botellón.

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