análisis

Joaquín Aurioles

¿Brotes verdes en el turismo?

Es uno de los pocos indicadores positivos con posibilidades de consolidarse

EL turismo se perfila como el principal baluarte desde el que resistir la crisis y también como el mejor banderín de enganche a la recuperación que vendrá de fuera. Es la gran ventaja de una actividad que se desarrolla en uno de los mercados más globalizados y que permite explicar cómo, tras el mazazo de los 4,9 millones de parados en la EPA del primer trimestre de 2011 y del retorno de Andalucía a la cabecera del ranking regional del desempleo, se haya conseguido recuperar la maltrecha moral colectiva con los datos de paro registrado en los servicios públicos de empleo durante el mes abril. La Semana Santa y sus efectos sobre el turismo han sido suficientes para que se produzca la transformación y los datos avanzados por la Consejería de Turismo sobre el puente de mayo permiten confiar en que el turismo pueda realizar una contribución decisiva a la recuperación de un cierto nivel de actividad.

Andalucía y España se encuentran en la primera línea del mercado europeo-mediterráneo, lo que significa que nuestro sector turístico recibe con absoluta nitidez y en clave positiva las consecuencias de la reactivación de las economías del centro y norte de Europa y también las de las revueltas políticas en el norte de África. Es lo que han puesto de manifiesto los pesos pesados del sector reunidos en el Foro de Hostelsur. Nos beneficiamos de la crisis de seguridad en el mundo árabe y esperamos aprovecharnos de la recuperación económica en Europa, especialmente en Alemania, aunque esto en modo alguno signifique la desaparición de los problemas. El turismo nacional sigue paralizado y el gasto de los turistas sin despegar, además seguir soportando una burocracia que frena la mejora de la competitividad, el recorte de los programas de promoción y una fiscalidad excesiva. A pesar de todo, las expectativas para este año son favorables y para el que viene todavía más, aunque se teme que para mantener la ocupación en niveles elevados será necesario continuar con precios reducidos y márgenes estrechos.

Cabe pensar que para Andalucía, el principal destino turístico de los españoles, es una mala noticia que la demanda nacional permanezca deprimida. Algo parecido podría decirse respecto a la incertidumbre sobre el futuro del turismo británico, nuestro principal mercado extranjero, aunque en ambos casos queda margen suficiente para una perspectiva moderadamente optimista de cara al verano. En el caso del turismo español, el pesimismo es el reflejo de la acumulación de datos negativos sobre el empleo y la insuficiencia y el encarecimiento del crédito, pero también se espera que, como consecuencia de ello, se sustituyan viajes al extranjero por vacaciones en el interior. En este caso, Andalucía debería aspirar a que su posición de liderazgo en el mercado nacional le permita mejorar sus registros de visitantes nacionales en la temporada alta e incluso en el conjunto del año, aunque los resultados en términos de ingresos no sean tan favorables.

En lo que se refiere al turismo británico, su demanda de viajes a Andalucía está condicionada por el suelo que fijan los propietarios de viviendas y similares y por su elevado índice de fidelidad y repetición, aunque la incertidumbre acerca de las consecuencias de los severos ajustes fiscales del gobierno de Cameron dificulten los pronósticos a corto plazo. La economía británica ha vuelto a crecer en positivo durante el primer trimestre de 2011, aunque sólo un 0,5%, que si bien es inferior a lo esperado, permite al menos corregir el decepcionante final de 2010, con crecimiento negativo de 0,5% durante el último trimestre. Hasta aquí las malas noticas, porque de cara al resto del año casi todo lo demás invita al optimismo, incluido, aunque pueda parecer un disparate, el aumento del precio del combustible. En efecto, aunque es evidente que la subida del petróleo supone un perjuicio indiscutible para el transporte aéreo, penaliza mucho más gravemente a los viajes de larga distancia. De hecho, el suplemento que aplica el Reino Unido al precio del combustible en los vuelos hacia España es inferior a la mitad del que aplican a otros destinos más alejados en el mismo Mediterráneo. Algo parecido ocurre con la tasa turística de salida al extranjero, de 12 libras por viajar a España, pero que se multiplica por cinco en el caso de esos mismos destinos. También hay que tener en cuenta la recuperación de la libra, que tras debilitarse durante dos años frente al euro, consiguió estabilizarse en 2009 y mantenerse desde entonces.

En definitiva, buenas perspectivas para el turismo andaluz en 2011, a pesar de la incertidumbre sobre el comportamiento de sus principales mercados, el nacional y el británico, y uno de los escasos brotes verdes con verdaderas posibilidades de confirmare en breve y, sobre todo, con una cierta capacidad de arrastre sobre el resto de la economía. Conviene no perder de vista que se trata de una mejoría marcadamente coyuntural cuya fuerza motriz se sitúa fuera de nuestras fronteras. Los problemas de fondo siguen estando presentes y algunos dentro del propio sector y tan graves como que Andalucía haya sido la comunidad con el índice de satisfacción más bajo de España en la Encuesta de Hábitos de los Turistas Internacionales de 2010.

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