horizontes lejanos

Juan Ojeda

Buenas y malas noticias

REPASANDO de forma muy subjetiva lo ocurrido durante la semana pasada, uno diría que las primeras páginas nos han traído dos buenas noticias y una mala. Empezaremos por la última -porque es mejor terminar con buen sabor de boca-, que es la previsión de la Comisión Europea de que la caída del PIB español en el 2013, será del 1,4%, casi el triple de lo calculado por el Gobierno, de forma que nuestra economía, según la UE, sólo comenzará a crecer, pero muy poco, al final de 2014 y, además, prácticamente descartan que España pueda cumplir el objetivo de reducir el déficit público al 2,8% dentro de dos años, situándolo en el 6,4, o sea, más del doble en porcentaje, porque en términos absolutos serían unos 36.000 millones de euros. También prevé Bruselas que el próximo año se pierdan medio millón de empleos más, lo que nos situaría más allá de los seis millones de parados. Por ello, piden más ajustes, o más realidad en los ajustes, pero son esos ajustes los que están impidiendo el crecimiento. Así que nos toca seguir apretando los dientes y confiar en que las previsiones que se cumplan sean las del Gobierno, mucho más optimistas que las de la Comisión Europea.

Ahora vamos a las buenas. La primera ha sido la sentencia del Constitucional reconociendo la validez de los matrimonios entre personas del mismo sexo, en respuesta al recurso presentado hace siete años por el PP. Esta decisión, aunque algunos piensen lo contrario, quita un peso de encima al Gobierno y al propio PP ya que, en caso contrario, hubiesen tenido que entrar en un proceso de reformulación jurídica para deshacer lo que ha venido siendo una realidad, de hecho y de derecho, durante estos siete años. Cierto es que hay algunas voces que, ejerciendo su legítimo derecho, discrepan no sólo de la sentencia, sino del concepto en sí mismo. Pero esto demuestra que somos una sociedad plural en la que todos tienen cabida y derecho a opinar.

Es esa sociedad plural la protagonista de la última noticia. La victoria de Obama en las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Porque el presidente norteamericano, que no es de izquierdas, aunque algunos le atribuyen interesadamente esa condición, pero tampoco es de derechas -utilizando la más simple y clásica formulación ideológica, uno diría que es un centrista con matices, según los parámetros europeos- ha ganado al mensaje ultraconservador de Romney, al Partido Republicano y a la influencia del Tea Party, con sus propuestas dirigidas, sobre todo a minorías étnicas, jóvenes y a los menos afortunados, con las que intentaba devolver la ilusión en el futuro. Esa ilusión que todos, aquí y allí, necesitamos urgentemente. Éstas han sido las buenas y las malas noticias.

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