El periscopio

Buscando a Papi deseperadamente

EN España solemos considerar a Berlusconi un caso alucinante de desahogo y poca vergüenza. Y seguramente lo es. También pensamos que es imposible que en nuestra vida política sucedan cosas como las que protagoniza Papi Silvio, que sus locuras y manejos no podrían nunca darse aquí. Y seguramente nos equivocamos. Puede que no surja por estos lares un líder político idéntico a él, tan histrión, putero, homófobo, racista y machista (haberlos, haylos, pero disimulan) como el primer ministro italiano, pero corremos serio riesgo de acabar teniendo nuestra propia versión del -al loro- primer ministro de Italia, dueño de gigantes como Fininvest, Mondadori o Mediaset; de periódicos como La Repubblica, de participaciones de control sobre la propia RAI... El hombre más rico de Italia, un país donde hay mucho dinero. Corremos un riesgo cierto de que el actual estado de cosas partitocrático salte por los aires. La demeritocracia y la corrupción con la que no sólo conviven, sino que perdonan los principales partidos nacionales y regionales va regando la planta del odio al político. Cocínenla con penuria económica y de expectativas, y tendrán servido el plato del castigo y la venganza a los partidos. Déjenlo reposar, y vean como se convierte en grupos xenófobos, de soflama autoritaria; de corta mira y mensaje simple. Nuestro Popolo della Libertà, nuestra fascistoide Alleanza Nazionale, nuestra rico-nacionalista Lega Nord.

Reproducimos muchas etapas de la política italiana quince o veinte años más tarde. Italia castigó la corrupción sin límite de Tangentopoli (tangente: mordida) y mandó a sus PSOE y PP a los albañiles o a la cárcel. El pueblo italiano es cualquier cosa menos tonto, y es capaz de hacer de la anarquía y el caos una forma de ser, su forma de estabilidad. Que voten a Berlusconi, que se rían con él, que lo consideren -como su muy indulgente La Repubblica esta semana- solare (radiante), que le permitan sus payasadas y, lo que es peor, sus blindajes y mangazos vía parlamento y ley... puede que no sea el más dramático de los escenarios que un pueblo puede encarar una vez derribados y calcinados los tótem políticos dominantes. Vamos por el buen camino. El paro y las (no) perspectivas aceleran la marcha. ¿Estamos a tiempo de parar esto? Acabemos con una advertencia dylaniana ya usada aquí otras veces: "Vengan senadores, congresistas, escuchen el aviso, no bloqueen la entrada, porque resultará herido el que se ponga en contra, hay afuera una batalla descarnada, pronto golpearán sus ventanas y crujirán sus paredes, porque los tiempos están cambiando".

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