La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Calle Luis León

Éstos son tus méritos para tener una calle que honra más a la ciudad que a ti

Es una exageración típica del expansivo universo cofrade dedicarle, como hoy se hará, una calle a Luis León? No. ¿Y qué méritos ha contraído con la ciudad para recibir tal honor? Los más grandes e importantes por habernos dado durante tantos años de forma tan ejemplar la verdadera imagen de las únicas dos cosas imprescindibles para vivir con sentido la vida: Amor y Esperanza.

Ya sé que existe una calle Dragón, que podría aludir a uno de los méritos que justifican que a Luis León se le dedique una calle. Y una calle Macarena, y una plaza de la Esperanza Macarena, y una calle Amor, y en tiempos hasta una calle del Burro. Y que si se unen Burro (en diminutivo femenino), Amor, Dragón y Macarena de alguna forma se está nombrando a Luis León. Pero, ¿para qué dar tantos rodeos? Es mejor hacer lo que hoy se hace: rotular una calle con su nombre invirtiendo las alusiones. De tal forma que al decir calle Luis León suenen los ecos de la Banda del Sol tocando Cristo del Amor o Virgen de la Paloma tras el único Señor feliz de la Semana Santa, suenen los pasos de los costaleros sobre una rampa como los latidos de un corazón y alcance el andar de un palio la levedad y la finura con las que Ojeda soñó cuando lo bordaba.

Éstos son tus méritos, Luis, para tener una calle que honra más a la ciudad, porque es de bien nacidos ser agradecidos, que a ti. A quien ha vivido lo que has vivido, sentido lo que has sentido, visto lo que has visto, llevado a Quien has llevado y dado a Sevilla lo que le has dado con la delicadeza y la fuerza, la elegancia y la garra popular, la gracia y la reciedumbre, la seriedad y la alegría que Ella exige -y mira que no es fácil aunar estos aparentes opuestos-, ¿qué le puede dar una calle?

Sé que la iniciativa partió de tu hermandad del Amor. Pero tu Cristo pide el silencio que ante su paso guardabas y tu Esperanza exige palabras, salve de Turina y los Quintero, letanía de Rodríguez Buzón, versos de Juan Sierra y Caro Romero… Y tu recia voz macarena, patrimonio inmaterial de la Hermandad como lo es -¡qué pareja!- la voz rota de Miguel Loreto ante el Señor de la Sentencia.

Cuando el Viernes Santo de 2001 arriaste el palio tras la última levantá por los macarenos que están en el Cielo escribí que nosotros, por estar allí, entramos en la historia; y tú, así que se separó tu mano del dragón, en la leyenda. Desde hoy tu leyenda tiene calle.

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