Calle Manolo Summers

Miguel Olid ha retomado la iniciativa de Rafael Utrera para rotular una vía sevillana con el nombre del cineasta

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Summers, cámara en mano.
Summers, cámara en mano.

14 de marzo 2024 - 00:01

UNO de los grandes errores de Occidente es haber dado una superioridad moral a la tragedia sobre la comedia. No se sabe muy bien por qué el lamento ha tenido un mayor prestigio que la risa. Esto lo vamos comprendiendo con la edad, cuando ya nos empiezan a cargar las heroínas románticas y los discursos cenizos de los moralistas. Incluso empezamos a sentir cierto placer cuando vemos ridiculizados los posados ante la historia. Una de las escenas más hilarantes del cine español es aquella de Una pareja feliz (Bardem y Berlanga, 1953) en la que Lola Gaos se pega un costalazo al grito de “¡Muera conmigo el honor de Palencia!”. No hay nada más gracioso que un bobo solemne rodando por los suelos.

España, pese a ser un pueblo de cabreros mal encarados, ha tenido buenos escritores y cineastas que hicieron del humor y la comedia su forma de expresión: Muñoz Seca, Jardiel Poncela, Wenceslao Fernández Flórez, Berlanga, Neville, Mihura o Manuel Summers. Este último, “gamberrillo de derechas” –como ha sido calificado por algún cenizo– vuelve a estar de actualidad estos días debido a la labor de gentes como Fran G. Matute y Miguel Olid. Seguro que para muchos ha supuesto un auténtico fogonazo de memoria volver a leer algunos de sus chistes de señoras con rulos, curas ensotanados y hombres con coloretes. También ver en el documental Summers el rebelde –dirigido por Olid– algunos de los mejores gags de la trilogía To er mundo é güeno, especialmente esa cumbre del surrealismo negro español en la que el gamberrísimo Summers (no sé si de derechas o no, ni me importa)mete un velatorio en un urinario público.

Cuando murió Summers, el profesor y crítico de cine Rafael Utrera hizo gestiones para que el Ayuntamiento le dedicase una calle al que, al fin y al cabo, es uno de los mejores cineastas de la historia de la ciudad, con películas cumbres como Juguetes rotos o Del rosa al amarillo. Aquello acabó de una forma completamente summeriana, es decir, absurda: la autoridad competente le dijo a Utrera que hiciese una lista para nombrar varias calles de un barrio con nombres de cineastas. Y cumplió con todos menos con Summers. ¿Olvido? Déjenme que lo dude. Summers, que lo mismo se pitorreaba del franquismo que del socialismo, siempre será un personaje incómodo para cualquier tipo de autoridad (no digamos ya la municipal, encarnada en su cine en esos guardias a los que los niños le patean el culo). Ahora, Miguel Olid vuelve a la carga y ha iniciado una campaña para que, al fin, se le conceda una calle. Para apoyarla solo hay que firmar en https://www.change.org/p/pongan-el-nombre-de-manolo-summers-a-una-calle-en-su-ciudad-sevilla. Si firma, que Dios se lo pague. Si no, que se lo demande.

PD: El documental Summers el rebelde se estrena hoy, a las 20.00 hs, en los cines Odeón Plaza de Armas.

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