Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Carne en el asador

Garzón mete al Gobierno en un lío detrás de otro buscando problemas en lugar de soluciones

Había tres ministros andaluces y ahora hay uno, la comunidad ha perdido peso político. Mientras Pedro Sánchez acababa con Susana Díaz y ponía a uno de los suyos al frente del PSOE de Andalucía, liquidaba a la vicepresidenta cordobesa (lo inexplicable es que hubiese llegado a ser vicepresidenta) y al gaditano Juan Carlos Campo. Se mantiene al frente de Hacienda la trianera María Jesús Montero, aunque rebajada en sus funciones. No sé si se le puede llamar andaluz a Alberto Garzón, nacido en la Rioja, antiguo vecino de Málaga y hoy residente en Madrid, que ha quedado a cubierto gracias a los pactos entre PSOE y Unidas Podemos. Es habitual que un nuevo Gobierno despierte esperanzas aunque los nuevos ministros, por desconocidos, no sé si tendrán ese efecto porque las alcaldesas de Gavá, Puertollano o Gandía pasen de dirigir sus ayuntamientos al Gobierno de España no parece suscitar entusiasmo. Andalucía pierde influencia, primera certeza. Lo peor es que el presidente no ha podido echar a dos ministros de bajísimo nivel: jamás hubo de convertirse una dirección general en un ministerio con el único fin de darle un carguete al coordinador de Izquierda Unida. El ridículo de Manuel Castells es de aurora boreal, un estudioso de fama internacional cuyo proyecto más conocido es prohibir las novatadas. Ambos son el ejemplo de la ineptitud de la política, de cómo la ambición personal, las ansias por un cargo vencen a cualquier idea o compromiso. Garzón presumía de que él venía del 15-M aunque fue necesario que Diego Valderas invalidara las primarias de IU en Málaga para ponerle al frente de la candidatura. El compromiso por el cambio se acabó el día que vio la posibilidad de ser ministro "aunque sea de Marina". Por si fuera poco, como no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas. Mete al Gobierno en un lío detrás de otro buscando problemas en lugar de soluciones con las bebidas carbónicas, con las casas de apuestas y ahora con el consumo de carne. Es verdad que para una dieta saludable se recomienda reducir el consumo de carne , de la misma forma la producción de carne genera el 14% de los gases de efecto invernadero. Incluso que en la Agenda 2030 estaba incluida esa idea, estropeada por la simpleza de Pedro Sánchez sobre la imbatibilidad del chuletón al punto. Cabe suponer que los criadores de retinto en La Janda y de Ibérico en Huelva no estén muy contentos. En condiciones normales Alberto Garzón debería dejar de ser ministro, Consumo volver a una dirección general y el Gobierno poner en práctica su propia política ambiental y de salud desaconsejando el consumo de carne. Ya se sabe que los políticos existen para buscar problemas donde no los hay.

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