S IEMPRE fue y será don Manuel. Siempre tuvo el don por delante, el don del trato con respeto por ser una eminencia desde su juventud: catedrático de Derecho Administrativo a los 25 años. Pero principalmente el don que le acompañó toda su vida, para ser un hombre diferente, no de partido, ni siquiera de ideologías, sino en búsqueda permanente de la verdad, y sobre todo de la fidelidad a sus creencias. El don de ser persona, un señor, un hombre justo, capaz de diferenciar entre lo bueno y lo malo, para defender lo mejor, con todas sus consecuencias.

Sobre don Manuel Clavero Arévalo podríamos escribir miles de artículos: el profesor que fue un maestro del que aprender, el jurista que hallaba entramados legales para que la Administración Pública funcionara, el político que consiguió el equilibrio en una España de las autonomías y la centralidad que parecía imposible en un país de extremismos soterrados… Pero no se quedó en las teorías, sino que lo llevó a la práctica. En la Universidad de Sevilla, y en otras que surgieron, como la de Cádiz. O en su etapa política, con el PSLA y la UCD, en la defensa de un andalucismo centrista que sólo fue posible con él, y que después de su retirada se diluyó por la apatía de unos y la desconfianza de otros. Y, por supuesto, siempre se le recordará por el café para todos, que es la base del Estado de las Autonomías en el desarrollo de la Constitución. Algo de eso quiso reconocer el presidente de la Junta, Juanma Moreno, cuando le dedicó su primera visita, nada más ser elegido: un recuerdo, un testimonio, el respeto de la admiración. Entre sus grandes preocupaciones, ¡ay!, estaba que Cataluña y el País Vasco no obtuvieran privilegios y que Andalucía no quedara marginada, y que hubiera autonomía sin romper la integridad de España. En estos momentos, aquellos ideales andaluces que revitalizó y puso al día Clavero Arévalo siguen muy vivos. Es el mismo espíritu que le llevó a dar el portazo y dimitir cuando Suárez, al que había admirado, cambió de posición para el referéndum de la autonomía el 28-F.

Don Manuel Clavero era también un sevillano cabal, del sector más fino y serio, un cofrade de la Buena Muerte, de la hermandad universitaria, que disfrutaba jugando al tenis y que no colgó la raqueta hasta una edad ya avanzada.

Y, por supuesto, siempre nos quedará el don Manuel Clavero Arévalo que presidió el Consejo Editorial del Grupo Joly, del que tanto aprendimos en las reuniones que convocaba, primero en las sedes de la calle Rioja, y ya al final en Los Remedios, en su propio despacho de la plaza de Cuba. Allí siguió dando lecciones con su mente privilegiada, con su ecuanimidad y su sentido de la justicia. Era un catedrático eterno que enseñaba con su sabiduría, pero también con su ejemplo.

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