Ojo de pez

pablo / bujalance

Cine y cultura

EXISTE, según Antonio Resines, un motivo fundamental por el que el cine debería ser una "cuestión de Estado", y así lo expresó en la gala de los Goya del sábado: "El cine sí es cultura". Todo esto parece muy evidente, pero igual corresponde hacer unos matices. El cine es en España una cuestión de Estado, esencialmente, porque el modelo fiscal que lo sustenta así lo exige, a través de una intervención pública, digamos, directa, en lugar de los incentivos de que gozan en otros países quienes deciden invertir por su cuenta en el sector. Entiendo, no obstante, que el cine español quiere ser una cuestión de Estado en cuanto actividad protegida, promocionada, divulgada y alentada con medidas como una cuota de pantalla a la francesa. Y, bien, la reclamación es del todo legítima. El cine puede ser un embajador más que notable de España, como ya lo es de hecho en gran medida; aunque tampoco estaría mal, ya que se respiran nuevos tiempos de participación democrática, que los contribuyentes opinen sobre el cine a través del cual quieren ser representados por ahí fuera (aunque sólo sea porque pagan ellos). Un servidor, por ejemplo, prefiere ver convertida en cuestión de Estado La isla mínima antes que Ocho apellidos catalanes. Por puro amor propio. Pero si es la taquilla la que decide esto, estamos perdidos.

En cuanto a la legitimidad derivada de la condición cultural del cine, pues hombre, también habría que verlo. Antes que cultura, el cine es una industria cultural; y, como tal, merece condiciones de mercado justas y suficientes: con un IVA al 21%, la impunidad absoluta de la piratería (por más que Resines exagerara un pelín los datos) y un ministro de Hacienda haciendo de inquisidor, no hay sector productivo que resista. Pero es en virtud de esta condición, la de sector productivo, por la que el cine tiene todo el derecho del mundo a ejercer su reivindicación. En cuanto a que el cine sea cultura, así, en bruto, todos a una como en Fuenteovejuna, la impostura escuece un poco. El cine es un medio que sirve lo mismo para fabricar basura que obras de arte, igual que la arcilla, el Word, la pintura al óleo y hasta, si nos ponemos, el gazpacho andaluz. Lo que sí podemos decir es que la gala del sábado, atropellada, tonta, mal hablada y con una idea del público al que iba dirigida cuanto menos dudosa, contribuyó poco, muy poco, a la definición del cine español como cultura. Si nos referimos a la cultura, etimológicamente, como lo que nos permite crecer.

Otra cosa es que hablemos de cultura como ejercicio de poder político, alienante y estúpido. Entonces sí: enhorabuena a todos.

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