La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Cinismo, y no del de Diógenes

¿Quienes critican el pésimo mantenimiento de los árboles serían responsables del peligro por la caída de ramas?

Los vecinos, la Red Sevilla por el Clima y los grupos de Participa e IU lo han logrado. El lunes el Ayuntamiento iba a talar 18 árboles de sombra en la avenida de Cádiz. Ante las protestas uno de los técnicos dijo que en vez de 18 se talarían 16. Siguieron las protestas y se tuvo que personar el director de Medio Ambiente y Parques y Jardines informando de que en vez de 16 se talarían sólo dos y el resto sería podado. Y así fue, como informaba ayer la compañera Ana S. Ameneiro con este esperanzador titular: "La movilización ciudadana paraliza la tala de 18 árboles".

Estos hechos desmienten al señor Espadas, actual y seguro que futuro alcalde de Sevilla gracias a ese formidable agente electoral del PSOE en Sevilla y en Andalucía que es el PP, quien pocas horas antes había dicho que "es falso" que se hagan talas indiscriminadas, que "sobre todos y cada uno de los ejemplares eliminados pesaba un informe singularizado de carácter técnico, como aval de su apeo a cuenta de su estado de deterioro y la situación de riesgo 4 para las personas", había retado a "cuestionar" con argumentos rigurosos los informes previos a cada una de las talas y, poniéndose bravo, incluso se permitió preguntar a quienes solicitan la detención de estas talas si están "dispuestos a asumir el riesgo implícito en mantener árboles que por su estado suponen un peligro para las personas por la posible caída de ramas".

Es decir que si quien tiene la responsabilidad del mantenimiento del arbolado no lo hace, y si a causa de ello los árboles enferman, la responsabilidad de que ocurra una desgracia es de quienes exigen que un adecuado mantenimiento reduzca al mínimo el número de árboles enfermos y que, en el caso de que enfermen, se traten intentando evitar la tala. Por lo visto, la seguridad de los ciudadanos consiste en ignorar o gestionar mal el mantenimiento de los árboles y talarlos si, como consecuencia de lo anterior, suponen un riesgo. Y quienes los defienden son unos irresponsables que ponen su capricho, su manía o su exagerado y hasta histérico amor hacia los árboles y las zonas verdes por encima de la integridad y las vidas de sus conciudadanos. Cinismo, y no del de Diógenes, se llama esto. Pero la victoria ciudadana fue efímera. Tras esas buenas palabras ayer se reanudaron las talas en la Avenida de Cádiz. Pero no por eso hay que desistir. Nada se ha logrado nunca sin librar batallas que todos daban por perdidas. Ánimo.

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