Polémica El dueño de un pub de Sevilla se muestra arrepentido tras no dejar entrar a jóvenes con diversidad funcional

Diez negritas

Diez negritas

Congreso del PSOE-A, donde se oye resintonizar, relanzar, resetear, recuperar... mucho re- algo, que siempre sugiere un estado de pérdidas del que hay que recuperarse. 400.000 votantes, mayormente. Quizá más, según los sondeos, aunque sondeo es una de las palabras más denostadas este fin de semana. Claro. Juan Espadas completa este fin de semana la Transición en el socialismo andaluz para pasar la página del susanismo.

Han sido seis meses desde que anunció su candidatura a las primarias en Granada, medio año desde aquel 9 de mayo en que habló de una autocrítica siempre pospuesta hasta el punto de que este congreso ha eludido el balance de gestión, veintiséis semanas para desmontar una estructura con demasiadas raíces, 182 días en los que preguntarse cuándo y cómo dejar de ser el alcalde de Sevilla.

En este proceso se ha priorizado la unidad del partido a la potencia de fuego –hay concesiones que dejan heridas que no cicatrizarán fácilmente– al renovarse para tomar inercia ante unas elecciones inquietantes. El partido ya no es aquella máquina del siglo XX, pero en realidad ningún partido lo es desde que la política comenzó a expulsar el talento, cada vez más refractario a las trincheras de la actividad pública y, sobre todo, la vida orgánica. El mensaje oficial es recuperar los 400.000 votos de 2018; el mensaje extraoficial es superar las próximas elecciones.

Espadas es alcalde capitalino, candidato de la primera fuerza parlamentaria, secretario de la mayor federación, miembro de la Ejecutiva de Sánchez, pero no se percibe su poder emergente. Quizá no están trabajando bien su perfil. De momento se sostiene en su buen tono.

MJM, Garra y logorrea

María Jesús Montero, la candidata nonata por decisión propia, o por indecisión propia, ha bajado a Torremolinos. Por momentos, pareció meterse  en la campaña al atacar al Gobierno andaluz en el debate de Presupuestos del Estado, aprovechando que el Manzanares pasa por Madrid.

A Juanma Moreno le dio a cuenta de una transferencia Covid apócrifa en los presupuestos andaluces (se le olvidó mencionar que alguna otra comunidad como Valencia ha hecho lo mismo; no porque allí casualmente gobierne el PSOE, claro) y a Juan Marín por oponerse a pactar las cuentas con el PSOE  (en realidad Marín expresó su escepticismo).

No se puede decir que MJM fuese muy precisa en sus críticas, pero eso nunca ha sido un impedimento para esta polemista parlamentaria con garra pero con tendencia a la logorrea. Ahora, cuando algunos susanistas difunden que Espadas no superará el fracaso electoral y Montero es el futuro en 2026, ha querido hacerse notar con esas salidas de pata de bancada. Ayer gritó: “¡Nos da igual! ¡Que convoque cuando le dé la gana! ¡Estamos preparados!”. Alguien del comentó su perrodelhortelanismo: “Cuando tenía que dar el paso, no quiso; y ahora se mete”.

¡Con Moreno no!

Nuria López, secretaria de CCOO en Andalucía, advirtió a Espadas sobre la negociación de los presupuestos de la que él ha hecho bandera: “Los presupuestos que ha presentado el Gobierno andaluz para 2022 son de derechas, y no cabe enmienda parcial, sino una enmienda a la totalidad, porque intenta hacer de Andalucía un erial para los terratenientes. Os animamos a pelear”.

La ovación entusiasta sonó a aquel “con Rivera no, con Rivera no, con Rivera no...” ante Ferraz. “Echarle huevos”, dijo la secretaria de UGT, lejos de sus silencios cómplices con el susanismo. Ángeles Férriz se apuntó al bombardeo para cobrarse el estado de ánimo y evitar una imagen de desconexión con los sindicatos, que siguen siendo un referente para el partido, siquiera sentimental, aunque no para la sociedad.

Presupuestos Moreno-Espadas

Esta semana se ha entregado, en efecto, el proyecto de Presupuestos al Parlamento. El optimismo de Juan Bravo no es contagioso; ni siquiera muy verosímil. Sin embargo, es un hecho que la relación de Moreno y Espadas de momento es la mejor entre presidente y líder de la oposición en décadas, lejos de la aversión de Arenas o Teófila hacia Chaves, de Griñán hacia Arenas, de Susana Díaz hacia Moreno... y un acuerdo sería un hito. Ayer mismo, en el congreso de Aragón, Sánchez denunció la tentación de hacer una oposición estilo no a todo.

En Andalucía se ha considerado incluso la posibilidad de una grossen koalition, aunque está prohibido mencionar siquiera el asunto hasta pasar por las urnas. Las cortesías entre ambos son ejemplares. Espadas a Moreno: “Vamos a seguir intentando hacer un Manuel del Valle, una Soledad Becerril, vamos a intentar seguir cambiando una historia que parece predestinada a confrontar o a faltarse el respeto.

Creo que la política es mucho más que eso.  Y la altura de la política, en este caso, es la altura de un país. Ayúdennos todos a conseguirlo, ¿verdad, presidente?”. Moreno a Espadas: “Siempre hay espacio para el acuerdo. Dos se entienden... y nos debemos entender porque lo hemos pasado mal con la pandemia, tenemos que reconstruir todo lo dañado, y ese es un potente instrumento precisamente para la recuperación”. Un ejemplo magnífico... que desquicia a lugartenientes y adláteres de ambos que no ven más allá de la lógica de la confrontación.

Fuego cruzado con Vox

Pocas horas después, Espadas, en vísperas del congreso, tenía que dar un paso atrás, desdecirse y cuestionar el presupuesto: “Más allá de la pose o las buenas palabras, la realidad es que el Gobierno andaluz ha aprobado un presupuesto que quiere que le sirva a Vox y le permita también llegar a un acuerdo con el PSOE, y así es muy difícil”. Desactivaba sus palabras de la víspera.

Claro que, a la misma hora, en Vox sostenían que es un presupuesto para pactar con el PSOE. Manuel Gavira: “Si Moreno Bonilla quiere pactar con el PSOE le tendrá que explicar a sus votantes..”. Vox y PSOE, más que dinamitar la posición de Moreno al acusarle de estar con el otro, lo fortalecen. Y al presidente se le ve cómodo: el fuego cruzado lo sitúa en el centro. Moreno, de hecho, mientras se reabría el fuego cruzado PSOE-Vox, mantenía su discurso confraternizador con Espadas: “A mucha gente le llama la atención que yo bromee con el alcalde de Sevilla y próximo rival mío en el ámbito autonómico, a quien le tengo el máximo respeto en el ámbito institucional y respeto en lo personal, y persona con la que dialogo, bromeo, que a veces podríamos llegar a acuerdos, otras no... Que el querrá ganar el partido, y yo también”.

Es habitual en Moreno esa observancia estricta de su perfil moderado, sin dejarse arrastrar por los titulares improvisados.

Alcaldía (caducada) de Sevilla

Hay algo más en el presupuesto que parece apuntar a Espadas: después de la frustración de Sevilla con los Presupuestos Generales del Estado (este periódico titulaba “Las grandes obras que espera Sevilla siguen sin respaldo”), va la Junta y apuesta en su presupuesto sobre todo por Sevilla con 547 millones, un 47% más (este periódico titulaba con diferentes proyectos e inversiones como el tranvía de Alcalá o el Hospital Militar).

Más que una paradoja (presupuestos del Gobierno del PSOE malos para el candidato del PSOE en Andalucía, presupuestos del Gobierno andaluz de la derecha buenos para el candidato del PSOE), tiene lógica: ponerle más difícil al alcalde de Sevilla rajar del presupuesto y previsiblemente tumbarlos. Patricia del Pozo se lo recordó a Espadas, hurgando en la contradicción del alcalde y líder del socialismo andaluz.

Todo esto le reabre la urgencia para dejar de ser alcalde, pero eso supone dejar también los casi 90.000 de sueldo, que no es moco de pavo. El partido tendrá que compensarlo, tal vez desde Ferraz. Y él seguramente querrá tener eso resuelto antes de dar el paso. Aunque todas las apuestas apuntan a primavera, esta semana Elías Bendodo –y el Tío del Mazo da pocas puntadas sin hilo– volvía a mencionar noviembre.

Frente (no tan) amplio

En la izquierda de la izquierda, ese espacio necesario para las coaliciones del PSOE, esta semana se reunirán cuatro mujeres abonando el Frente Amplio de Yolanda Díaz: ella misma, Ada Colau, Mónica Oltra y Mónica García. Hay muchas lecturas –el póquer de mujeres, la potencia mediática del cartel, las líderes de Podemos ausentes...– y una de ellas es la ausencia andaluza.

Tal vez la diversidad apuntase a Teresa Rodríguez, pero su andalucismo huye, o al menos duda, ante otro proyecto pilotado desde Madrid. ¿No podía estar Esperanza Gómez como Mónica García? Ella tiene un perfil mucho menos mediático, y Más País ya está ahí. De hecho, el póquer ha preferido completarse con la primera mujer musulmana en la cámara ceutí, una apuesta simbólica que ve más fuerza ahí que en una mujer andaluza.

Tal vez acierten, pero desde la izquierda meridional se suman voces críticas hacia el error recurrente de olvidar Andalucía. ¿Hasta qué punto eso es un error?

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