Al punto

juan / ojeda

Contundencia y claridad

LOS que, más o menos, le tenemos una cierta devoción a las encuestas, esperábamos con impaciencia, el miércoles pasado, los resultados del barómetro del CIS, realizado entre el 1 y el 13 del pasado mes de octubre. Esa cierta impaciencia venía motivada, de un lado, por el inexplicado retraso en dar a conocer el sondeo, que se esperaba el lunes anterior y, por otro, por ver si se confirmaban los datos ofrecidos unos días antes en la encuesta de Metroscopia, publicada por El País, y que daba a Podemos, en intención de voto directo, como primera fuerza, seguida por el PSOE y el PP. En ese orden.

Resulta que la encuesta del CIS, en gran medida, vino a confirmar el sondeo de Metroscopia, que sólo hacía referencia a esa intención directa. Es decir, sin cocina, o más técnicamente expresado, sin estimación de voto. Luego, una vez tratados los datos en virtud de unos procesos científicamente experimentados y fiables, o no, según quien los comente, el barómetro del CIS daba como primera fuerza al PP, seguido del PSOE, a menos de cuatro puntos de distancia, y a Podemos, como tercera fuerza, a punto y medio de los socialistas.

Aunque no ha sido una gran sorpresa, porque ya se había filtrado algo la semana anterior, este sondeo ha encendido las alarmas en los grandes partidos, PP y PSOE, y ha causado la desolación en otros como IU y UPyD, a quienes ha dejado en terreno casi marginal. Por supuesto, que es tópico, pero cierto, decir que una encuesta es sólo la fotografía de un momento, y que lo que cuenta de verdad es el día de las elecciones. Vale, pero lo que refleja este barómetro es la incertidumbre sobre el resultado de unos comicios que se celebrarían dentro de un año. Pero, sobre todo, lo que asegura es una cosa, y es que no volveremos a ser los de antes, y que el próximo escenario político será más difícil y más imprevisible en cuanto a la correlación de fuerzas.

Cierto es que esta inesperada posición electoral de Podemos, pueda servir para que, a la hora de la verdad, ese voto dormido, desencantado o desilusionado, tanto del PP como del PSOE, se sienta estimulado por el miedo a lo desconocido, que representa el partido de Pablo Iglesias, y retorne al camino de la fidelidad práctica. Es bastante posible que eso pueda suceder, pero hay que ayudar. ¿Cómo? No hay fórmulas mágicas pero dos ingredientes son necesarios. Contundencia y claridad.

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