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LA pésima gestión del Canal Teledeporte es jalonada por un nuevo capítulo de estulticia. Me refiero a la inclusión de una publicidad cretina, inoportuna, pacata y reiterativa que provoca justo lo contrario de lo que pretende cualquier escaparate publicitario. Esto es, que el espectador odie todo lo que se anuncia, interrumpiendo cada dos por tres, la emisión.

En pleno siglo XXI, y cuando buena parte de la publicidad es arte, en Teledeporte pasamos de la antepenúltima hazaña de Phelps al politono de la melodía de El padrino. Reímos, por no llorar, cuando alguna mente privilegiada pensó que el canal Teledeporte era un buen contenedor donde anunciar objetos imposibles de teletienda relacionados con el ejercicio físico. Sin tener ni idea de que la gran mayoría de espectadores del sillonball no tienen, no tenemos intención alguna de ponernos con las tablas de abdominales. Y aunque así fuera. Es completamente ridículo bombardear con teletiendas cutres, televisión basura en los subsuelos de la ética y de la estética, cohabitando con unas transmisiones técnicamente impecables, formalmente bellísimas, emocionalmente inspiradas y narrativamente insuperables (Phelps entronca con los clásicos griegos).

El Canal Teledeporte inició sus emisiones con motivo de los Juegos de Invierno de Albertville en 1994. Aquellos cuya ceremonia inaugural, para Roger Salas, fue la mejor de la historia, todavía hoy no superada. La audiencia de aquellos Juegos fue residual. A partir de entonces, Teledeporte sufrió momentos de ostracismo, y su programación, casi siempre fue una incógnita.

Con motivo de Pekín 2008, Teledeporte es, desde el pasado viernes, el canal temático más visto. Muy a pesar de TVE, que lo mancilla con publicidad basura.

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